La economía global se enfrenta a una volatilidad estructural acentuada por las tensiones geopolíticas, particularmente la guerra en Oriente Próximo. En este contexto, Asia, con China como su principal motor, y la inteligencia artificial (IA) se están consolidando como los ejes fundamentales en la nueva estrategia de inversión internacional. Así lo revela una encuesta global llevada a cabo por HSBC, en la que participaron 3 000 empresas y 500 inversores institucionales de diez mercados relevantes.
El estudio señala que el 94% de los encuestados mantiene un interés por el crecimiento internacional, a pesar de la creciente fragmentación del comercio mundial y los vaivenes macroeconómicos. Además, el 87% de los directivos muestra una mayor disposición a asumir riesgos calculados que hace cinco años. Esta disposición no es casual, pues la acumulación de malas noticias ha llevado a muchas compañías a replantear sus estrategias de operación y asignación de capital.
Transformación de las estrategias de inversión
Casi tres de cada cuatro directivos, el 72%, anticipan un reposicionamiento moderado o significativo de sus negocios en los próximos tres años. Este cambio ya se ha traducido en ajustes concretos en las estrategias de inversión, donde el 88% de los participantes reconoce haber adaptado su enfoque a la creciente volatilidad del mercado. Según Michael Roberts, consejero delegado de HSBC Bank, estos resultados evidencian una transformación profunda en la economía mundial.
La regionalización del comercio y el ascenso estratégico de Asia, junto con el impacto de la tecnología, están redefiniendo cómo y dónde se asigna el capital. Para la mitad de los encuestados, el acceso a infraestructuras de IA y capacidades de procesamiento de datos se considera el principal factor que influirá en sus decisiones internacionales durante los próximos tres años, incluso por delante del crecimiento de la demanda de los clientes.
El 51% de los participantes subraya que contar con infraestructuras de datos sólidas y costes energéticos competitivos es fundamental para aumentar su exposición a determinados mercados. Esta relación entre tecnología y energía se ha vuelto crítica en la carrera global por atraer inversión.
Perspectivas y cambios en las carteras de inversión
En cuanto a las expectativas de beneficios, una mayoría significativa identifica mejoras tangibles a corto y medio plazo. El 56% de los encuestados confía en que la inteligencia artificial contribuirá a aumentar la productividad y la eficiencia laboral, mientras que un 48% destaca su potencial para mejorar la previsión y modelización de escenarios. Entre los inversores institucionales, el 49% prevé reforzar su exposición a temáticas relacionadas con la inteligencia artificial.
La percepción de la volatilidad ha cambiado drásticamente, con el 95% de los encuestados coincidiendo en que se ha convertido en una característica permanente del sistema económico global. Esta nueva realidad está influyendo no solo en la selección de activos, sino también en los horizontes de inversión, con más de la mitad de las organizaciones, el 53%, ampliando sus plazos de inversión en comparación con hace tres años. Esta estrategia busca mitigar la incertidumbre a corto plazo y maximizar los retornos a largo plazo.
La encuesta también confirma que, aunque la globalización no se está revirtiendo, sí se está reorganizando. Un 93% de las empresas anticipa un aumento en el comercio o la inversión transfronteriza en los próximos cinco años, aunque el 91% considera que estos flujos se concentrarán cada vez más en ámbitos regionales. En este nuevo esquema, Asia se posiciona como la principal área de crecimiento, con China destacándose como el mercado cuyo peso se espera que aumente en los próximos cinco años, mencionado por el 41%% de los responsables de decisión.
A pesar del creciente protagonismo de Asia, el peso de los mercados tradicionales no desaparece. Europa continental y el Reino Unido siguen siendo considerados estratégicos por alrededor del 38%% de los encuestados, lo que sugiere que la reasignación de capital no implica un abandono de los centros económicos históricos, sino una adaptación a un contexto global en evolución.
