La reciente edición de la Vuelta Ciclista a España ha sido escenario de protestas debido a la participación del equipo Israel Premier-Tech, lo que ha vuelto a poner de relieve la intersección entre deporte y política. La polémica surge en un contexto donde el Gobierno israelí, representado por dicho equipo, ha sido señalado por el fallecimiento de más de 63.000 palestinos a lo largo de años de conflicto, generando cuestionamientos sobre las implicaciones éticas de su participación en eventos deportivos internacionales.
Pertenece a la Cycling Academy, que se transformó en Israel Start-Up Nation y ahora es conocida como Israel Premier-Tech. Fundada en 2014, su objetivo inicial fue promocionar el ciclismo en Israel, aunque sus vínculos con el Gobierno israelí son evidentes. El principal inversor del equipo, el empresario canadiense-israelí Sylvan Adams, se ha autodenominado «embajador de Israel», mostrando su cercanía con figuras políticas como Benjamin Netanyahu.
Financiación y objetivos del ‘sportswashing’
Adams, quien posee un patrimonio estimado en 2.800 millones de dólares, ha destinado importantes sumas a la promoción de Israel en el ámbito internacional. Por ejemplo, donó 100 millones a la Universidad Ben Gurion y 20,5 millones para que el Giro de Italia comenzara en Israel en 2015. Su objetivo, según críticos, es proyectar una imagen moderna y amigable de Israel, en contraste con las críticas sobre las violaciones de derechos humanos.
La organización Amnistía Internacional ha denunciado que estas prácticas buscan «ocultar las atrocidades» mediante la financiación de eventos deportivos, utilizando el interés global que generan. Este fenómeno no es nuevo; ha sido observado en múltiples ocasiones, como en el Mundial de Fútbol de Qatar en 2022, donde las condiciones laborales de los trabajadores y los derechos humanos fueron ignorados a favor de la imagen del país.
Un fenómeno global
El ‘sportswashing’ no se limita a Israel y Qatar. Otros países como Emiratos Árabes Unidos, que utiliza su aerolínea Fly Emirates para patrocinar eventos deportivos internacionales, también han sido acusados de estas prácticas. La aerolínea Etihad Airways mantiene alianzas con clubes de fútbol como el Manchester City, mientras que países como China y Arabia Saudí también han utilizado eventos deportivos para desviar la atención de sus regímenes autoritarios.
En 2021, Arabia Saudí gastó más de 1.500 millones de euros en eventos deportivos internacionales, lo que demuestra el interés de estos países en utilizar el deporte como herramienta de propaganda. A medida que los eventos deportivos atraen a millones de visitantes, también generan un impacto significativo en el turismo y la economía local, como se observó en Qatar, donde la inversión extranjera directa aumentó en un 110% en 2024 gracias a la Copa Mundial.
Ante esta realidad, el ciclismo no escapa a la influencia del dinero, ya que además de Israel Premier-Tech, también se encuentra en la competición el equipo UAE Team Emirates de los Emiratos Árabes. Este fenómeno plantea importantes preguntas sobre el futuro del deporte y su relación con la política, dejando claro que la lucha por los derechos humanos debe seguir siendo una prioridad en el ámbito deportivo.
