La situación se complica para La Vuelta Ciclista a España, ya que el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, ha amenazado con renunciar a acoger etapas de la competición si se permite la participación del equipo patrocinado por Israel. Esta declaración se produjo durante un acto de apoyo al pueblo de Palestina, donde Morales mostró su rechazo a las acciones del Gobierno israelí en Gaza.
Las protestas de activistas pro Palestina han tenido un impacto significativo en la reciente edición de La Vuelta, al impedir que la última etapa se celebrara en el centro de Madrid. La controversia ha salpicado también a las Islas Canarias, donde se había planeado que Gran Canaria y Tenerife acogieran etapas en 2026, casi 40 años después de la única vez que la carrera pasó por estas islas.
Consecuencias de la amenaza de Gran Canaria
La postura de Morales no solo pone en jaque la participación de Gran Canaria en La Vuelta, sino que también afecta directamente a Tenerife, que había estado trabajando en un acuerdo para que la carrera visitara ambas islas. Este acuerdo, aunque no formalizado, contaba con la participación de diversas consejerías del Gobierno de Canarias y de los Cabildos de Tenerife y Gran Canaria. Se había establecido que la competición tendría que disputarse en al menos las dos islas principales y que su finalización tendría lugar en Canarias.
Sin embargo, la amenaza de renuncia de Gran Canaria podría tambalear este pacto. Morales ha enfatizado que, aunque se había firmado un preacuerdo, no hay un acuerdo definitivo que garantice la llegada de La Vuelta a Gran Canaria. “No hay nada definitivamente firmado”, afirmó, subrayando que la participación del equipo israelí sería inaceptable para su administración.
La incertidumbre sobre la participación de Tenerife
Con la renuncia de Gran Canaria en el horizonte, el Cabildo de Tenerife se enfrenta a una difícil decisión. La presidenta Rosa Dávila y el vicepresidente Lope Afonso han expresado su deseo de que La Vuelta pase por las carreteras del Teide, pero ahora la situación se complica considerablemente. La posibilidad de que Tenerife acoja más de dos etapas plantea interrogantes sobre la viabilidad financiera, dado que los costes se elevarían si el número de islas participantes se reduce.
El futuro de La Vuelta en las Islas Canarias queda, por tanto, en un limbo, a la espera de que se tomen decisiones significativas en los próximos días. Con la presión del Cabildo grancanario y la complejidad del acuerdo inicial, la organización de la carrera deberá evaluar sus opciones para garantizar que la competición se mantenga en el archipiélago.
La renuncia de Gran Canaria a participar en La Vuelta no solo afectaría a la logística de la carrera, sino que también podría tener repercusiones en la promoción turística de las islas, que esperaban beneficiarse de la visibilidad que conlleva acoger un evento de tal magnitud.
