En el corazón de la provincia de Lugo, se encuentra A Fonsagrada, un municipio que encierra la esencia más pura y mística de Galicia. Este enclave, cuyo nombre proviene de la legendaria Fons Sacrata, se adentra en profundos bosques, aldeas donde el tiempo parece haberse detenido y senderos cubiertos de niebla que han guiado a peregrinos durante siglos. La historia de A Fonsagrada está grabada en su paisaje, salpicado de vestigios que se remontan a tiempos prehistóricos.
Testigo de los asentamientos de la tribu de los Abólgicos, la comarca se convirtió en un punto estratégico gracias a la calzada romana que unía Asturias con Lugo. En su territorio, se han descubierto 75 castros, entre ellos el famoso Castro de Castañoso, conocido como ‘O Castelón’, que alberga ocho viviendas castrenas y una fascinante sauna, la mejor conservada del noroeste peninsular, ofreciendo un vistazo a los rituales de hace más de 2000 años.
Un lugar de peregrinación y leyendas
El desarrollo medieval de A Fonsagrada está íntimamente ligado al Camino Primitivo de Santiago, que atraviesa sus tierras. Este camino, el más antiguo de los que llevan a Santiago, hizo que el municipio se convirtiera en un referente para los peregrinos que enfrentan los desafiantes puertos de montaña asturianos. La Fuente Sagrada, situada junto a la iglesia de Santa María, es otro símbolo de la localidad y, según la leyenda, fue el lugar donde el Apóstol Santiago hizo brotar leche para alimentar a los hijos de una viuda.
Las aguas no solo son un símbolo de fe, sino que también son un deleite para los sentidos. A Fonsagrada se encuentra dentro de la Reserva de la Biosfera Eo-Oscos-Terras de Burón, un refugio de paz que alberga majestuosos montes y valles fluviales. La Seimeira de Vilagocende, con más de 50 metros de caída libre, es considerada la cascada más alta de Galicia y se accede a través de un encantador bosque de ribera.
Rutas y naturaleza en estado puro
La red de senderos de A Fonsagrada ofrece diversas opciones para los amantes de la naturaleza. El camino de Forno do Bolo, de 4,2 kilómetros, serpentea entre frondosos bosques y arroyos cristalinos. Para quienes buscan un reto, el sendero de Gallol, de 17 kilómetros, atraviesa uno de los sotos de castaños más grandes del mundo. El Mirador de Arexo proporciona una vista impresionante de los valles que separan Galicia de Asturias.
A Fonsagrada también es un lugar donde la arquitectura tradicional se mantiene viva. Su patrimonio etnográfico es invaluable, con ejemplos de la arquitectura popular gallega en piedra y pizarra. El Museo Etnográfico de A Fonsagrada, fundado en 1984, es un guardián de la memoria local, mostrando herramientas de oficios tradicionales y recreaciones de espacios como la escuela rural.
En el centro del pueblo, la iglesia parroquial de Santa María, de estilo barroco, se erige majestuosamente. A pocos kilómetros, la aldea de A Pobra de Burón, que fue capital del concejo hasta mediados del siglo XIX, guarda las ruinas de su fortaleza medieval, testigo de su pasado próspero.
La gastronomía de A Fonsagrada es otro atractivo ineludible. Destacan el butelo, un embutido artesanal de cerdo, y el tradicional cocido gallego, que rivaliza en sabor con la carne de ternera gallega y el porco celta. La feria anual del butelo, que comenzó en 1998, ha crecido tanto que hoy atrae a miles de visitantes.
Para culminar la experiencia gastronómica, el Pastel de Fonsagrada, un postre a base de bizcocho, almendra y crema, es un deleite que todo visitante querrá llevarse como recuerdo de este rincón oculto de Galicia.
