Decenas de miles de filipinos se manifestaron este domingo en Manila para expresar su descontento por la corrupción en proyectos de control de inundaciones, que han dejado a políticos y contratistas bajo la lupa de diversas investigaciones. Aunque la jornada comenzó de forma mayoritariamente pacífica, se registraron altercados que dejaron al menos 30 agentes heridos y varios detenidos.
La oficina de gestión de desastres de la capital calculó en 49.000 el número de asistentes, mientras que la Policía manileña estimó la cifra en 8.000. Los manifestantes, en su mayoría jóvenes vestidos de negro, llevaron carteles con mensajes contundentes como: «nosotros trabajamos, nosotros pagamos, ellos roban». En otra zona de la ciudad, unos 10.000 participantes se unieron a la «marcha del billón de pesos», organizada por grupos religiosos en un intento por visibilizar la gravedad de la situación.
Un clamor contra la corrupción
La Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas (CBCP) también se sumó a las manifestaciones, subrayando que «la corrupción no se trata solo de dinero robado, se trata de futuros robados». Este mensaje resonó entre los asistentes, quienes denunciaron las consecuencias de la corrupción en sus vidas, como casas inundadas y tierras envenenadas.
Las protestas no se limitaron a Manila. Ciudades como Baguio e Iloilo también fueron escenario de concentraciones masivas, donde miles de filipinos expresaron su cansancio ante la corrupción sistémica. Sin embargo, la jornada estuvo marcada por enfrentamientos, donde algunos manifestantes se encontraron con las fuerzas de seguridad, que utilizaron cañones de agua para dispersar a la multitud.
El presidente de la organización izquierdista Bayan, Renato Reyes, resultó herido en los altercados. En un comunicado, expresó su preocupación por la violencia: «No sabemos quién eran estos grupos, no estaban afiliados con Bayan, pero podíamos sentir su ira». Reyes enfatizó que el Gobierno no puede seguir ignorando el problema de la corrupción.
La corrupción como tema central
La corrupción en los proyectos de infraestructura para controlar inundaciones ha dominado la agenda política en Filipinas. Según el secretario de Finanzas, Ralph Recto, estos proyectos «fantasma» han causado pérdidas al erario público de 1.771 millones de euros en los últimos dos años. A pesar de que el país enfrenta cada año una veintena de tifones, los manifestantes denuncian que los fondos destinados a mitigar estos desastres acaban en los bolsillos de unos pocos.
Las protestas de este fin de semana llegan en un contexto de creciente descontento entre la juventud filipina, que enfrenta altos niveles de desempleo y escasa confianza en las instituciones. El propio presidente Ferdinand Marcos Jr. se mostró a favor de las manifestaciones, señalando que, si no fuera presidente, «quizás me uniría a ellos». Estas declaraciones se producen en un clima social tenso, donde las autoridades temen que las protestas puedan desbordarse, similar a lo que ha ocurrido en otros países de la región.
La CBCP recordó a los manifestantes que «su fuerza no reside en la ira, sino en la esperanza inquebrantable», instando a mantener la paz en sus demandas. La situación en Filipinas sigue siendo un reflejo de una crisis más amplia que afecta a la región, donde la corrupción y el abuso de poder han llevado a la desesperación social.
