La situación laboral de las mujeres migrantes en España es alarmante, ya que más del 55% de ellas están sobrecualificadas para los puestos que ocupan, según datos de Eurostat. Este fenómeno afecta a mujeres que, tras haber alcanzado niveles educativos superiores, deben asumir trabajos que no reflejan su formación académica. Un claro ejemplo es el caso de Mónica, una colombiana de 56 años que, tras haber trabajado como psicoóloga durante 17 años, se encuentra en la difícil situación de cuidar a una anciana en un régimen de interna.
Mónica aplica diversas técnicas de estimulación cognitiva en su labor, convencida de que la anciana “se merece lo mejor”. Sin embargo, expresa su frustración al afirmar que “encontrar un empleo acorde a mi formación es tremendamente complicado”. A pesar de haber contactado con numerosas organizaciones del área social en busca de oportunidades, la respuesta fue escasa y finalmente solo recibió una llamada para el puesto de cuidadora.
Un panorama desalentador para las mujeres migrantes
La situación de Mónica no es un caso aislado. En España, más de la mitad de las mujeres migrantes, nacidas en países ajenos a la Unión Europea, se encuentran en una situación similar. La secretaría confederal de Mujeres e Igualdad de Comisiones Obreras (CC OO), Carolina Vidal, señala que «nuestra vida laboral está rodeada de una serie de roles de género que hemos venido soportando», lo que contribuye a la sobrecualificación. Esta discriminación se ve exacerbada por el papel de cuidados que se ha asignado históricamente a las mujeres.
Las cifras son contundentes: en el caso de las trabajadoras nativas, la sobrecualificación asciende al 32,7%, mientras que entre las mujeres provenientes de otros países comunitarios es del 43,5%. Sin embargo, la realidad se complica aún más para las mujeres migrantes, quienes a menudo deben conformarse con empleos que no reflejan sus capacidades y formación.
Desafíos de la homologación de títulos
Helin Galindo, una hondureña de 29 años y graduada en lenguas extranjeras, se enfrenta a la dura realidad de que «la realidad no es como te la cuentan». A pesar de su formación como profesora de educación primaria, se ha visto obligada a aceptar trabajos que no se alinean con su carrera, como el de moza de almacén. Actualmente, reparte su tiempo entre dos contratos parciales, uno como auxiliar administrativa y otro en limpieza, mientras espera mejores oportunidades.
La historia de Chamchiya Cherif, originario de la República Centroafricana, añade otro matiz a esta problemática. A pesar de contar con un máster en Gobernanza y Derechos Humanos, ha optado por esperar la homologación de sus títulos antes de buscar un empleo mejor remunerado. «Es posible que ese trámite termine dentro de unos meses, pero los títulos universitarios tardan años», comenta.
La situación de homologación de títulos es, según Vidal, «el gran escalón» para los migrantes en su acceso a empleos cualificados. La incertidumbre que enfrentan y la falta de reconocimiento del talento desperdiciado son aspectos que generan un gran desasosiego entre estos profesionales.
La situación es crítica y refleja un desajuste alarmante entre la formación académica de las mujeres migrantes y las oportunidades laborales que se les presentan en España. Mientras las universidades están repletas de mujeres con un talento excepcional, la realidad del mercado laboral se convierte en un desafío desalentador que les impide alcanzar su pleno potencial.
