En medio del clima tenso de Gaza, el intercambio histórico de prisioneros que Israel llevará a cabo como parte del alto el fuego ha suscitado una pregunta crucial en las calles de Jerusalén Este: “¿Por qué no sale Abu Qasem?”. Este apodo se refiere a Marwan Barghouti, una figura icónica del nacionalismo palestino, conocido por algunos como el ‘Nelson Mandela palestino’. Su exclusión de la lista de más de 1.700 prisioneros que serán liberados ha dejado a muchos preguntándose sobre las verdaderas razones detrás de esta decisión.
Barghouti, quien fue secretario general de Al Fatah hasta su detención en 2002, cumple cinco cadenas perpetuas y 40 años adicionales por su implicación en atentados durante la segunda intifada, que resultaron en la muerte de cinco israelíes. A pesar de su encarcelamiento, ha mantenido una voz activa en la política palestina, abogando por la desobediencia popular no violenta y promoviendo la unidad entre diferentes facciones palestinas.
El legado y la popularidad de Barghouti
Desde su detención, el apoyo a Barghouti no ha disminuido. En mayo de 2025, una encuesta realizada por PCPSR mostró que, si se celebraran elecciones presidenciales, Barghouti podría derrotar a Mahmud Abas, actual líder de la Autoridad Palestina. Su propuesta de convivencia pacífica con Israel ha resonado entre muchos palestinos, generando tanto admiración como temor entre las autoridades israelíes.
Según fuentes de inteligencia israelíes, la liberación de Barghouti se considera una “línea roja” para Tel Aviv, que teme que su libertad podría fomentar un nuevo liderazgo unificado palestino que amenace el actual status quo. La preocupación se refleja en las palabras de Azat, un barber de Jerusalén Este, quien afirma: “Saben que sería un buen líder para los palestinos y no quieren que tengamos algo así”.
La situación se complicó aún más cuando, en agosto, el ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, visitó a Barghouti en la cárcel de Ramon. Frente a las cámaras, lo amenazó de manera contundente: “No te vas a salir con la tuya. Cualquiera que se meta con el pueblo de Israel… Lo eliminaremos”. Estas declaraciones no solo reflejan la tensión entre las partes, sino también la política de represión en torno a Barghouti.
Las implicaciones de la política palestina
El propio hijo de Barghouti, Arab, ha señalado que la negativa a liberar a su padre se debe a que Netanyahu “no quiere un socio para la paz”. En la opinión de muchos, Barghouti representa una alternativa pacifista a la violencia de Hamas, pero su figura genera tanto miedo en Tel Aviv como en Ramala. Shadi al Shurafa, compañero de celda de Barghouti, ha revelado que un alto cargo de la Autoridad Palestina le comunicó que no lucharían por su liberación en futuros intercambios de prisioneros. “Más que un gobierno, la AP es una franquicia nacida en Oslo de la que se benefician también los israelíes”, afirma Al Shurafa.
La falta de unidad y el temor a un liderazgo fuerte como el de Barghouti continúan marcando la política palestina, donde muchos, como Azzat, creen que “Barghouti quiere la paz como muchos de nosotros. Pero ni Israel ni la AP buscan cambiar el status quo”. Esta compleja dinámica subraya no solo la difícil situación de los prisioneros palestinos, sino también el futuro incierto de la política en la región.
