Erizos de mar se adaptan a la acidificación en La Palma

La crisis climática actual, que podría llevar a la Tierra a una sexta extinción, también ha dado lugar a especies que se adaptan al calentamiento global. En la costa de Fuencaliente, al sur de La Palma, se ha descubierto que el erizo de mar negro ha encontrado la forma de sobrevivir a la acidificación oceánica provocada por las emisiones de dióxido de carbono. Este fenómeno, relacionado con la erupción del volcán Teneguía en 1971, ha transformado la química del agua, replicando las condiciones que se prevén para finales de siglo si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los océanos absorben entre un 20 y un 30% de las emisiones de CO2, lo que provoca que especies como corales y almejas enfrenten dificultades para formar sus estructuras. Sin embargo, el erizo de mar negro, conocido científicamente como Paracentrotus lividus, ha demostrado una sorprendente resiliencia. Según un estudio publicado en una revista científica, este erizo ha desarrollado características que le permiten adaptarse a la acidificación, reduciendo su tamaño y fortaleciendo su caparazón para sobrevivir.

Adaptación y resistencia del erizo de mar negro

La investigadora posdoctoral Sara González-Degaldo, de la Universitat de Barcelona, destacó que este erizo estaba catalogado anteriormente como una especie «muy vulnerable». Estudios previos habían mostrado que bajo condiciones extremas, estos organismos morían o presentaban malformaciones. Sin embargo, el erizo de mar negro ha logrado cambiar su estrategia, dedicando más energía a reforzar su esqueleto en lugar de aumentar su tamaño.

Los ejemplares en áreas afectadas por la acidificación son más pequeños y tienen espinas más delgadas, lo que indica un cambio en su dieta hacia presas más blandas. A pesar de su menor tamaño, estos erizos presentan una mayor resistencia que los de zonas donde las condiciones son normales. Los investigadores analizaron a 108 individuos y sorprendidos, descubrieron que, contrariamente a la hipótesis inicial, los ejemplares de zonas acidificadas soportan más presión antes de romperse.

El estudio sugiere que la clave de esta resistencia radica en el tejido conectivo que une las placas esqueléticas de su caparazón. Este tejido, similar al colágeno, ha aumentado su rigidez en respuesta al estrés ambiental. González-Degaldo mencionó que se están realizando investigaciones adicionales para identificar los genes responsables de esta adaptación.

Consecuencias para el ecosistema marino

Aunque la adaptación del erizo de mar negro es un indicativo positivo, no todas las especies marinas corren la misma suerte. Según la investigadora, los burgaos, caracoles típicos de Canarias, se están viendo gravemente afectados, con conchas que se deterioran y provocan una muerte prematura. Las lapas también muestran conchas más pequeñas y traslúcidas, y las macroalgas calcareas, esenciales para el ecosistema, podrían desaparecer en escenarios de alta acidificación.

Carlos Sangil, bioquímico marino especializado en macroalgas, alertó que la biodiversidad de estas especies en Fuencaliente ha disminuido en casi un 75%. La desaparición de macroalgas afectaría a toda la cadena trófica, ya que son fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas marinos, proporcionando refugio y alimento para numerosos organismos.

La acidificación del océano es un problema que impactará a todos los organismos que habitan en él. La adaptación del erizo de mar negro es un caso excepcional que ofrece esperanza, pero la lucha por la supervivencia en condiciones extremas es un desafío que muchos otros organismos no podrán afrontar. La investigación continua en esta área es vital para entender las repercusiones del cambio climático en nuestros océanos y el futuro de la biodiversidad marina.