Los cambios hormonales y cerebrales en los hombres tras ser padres

La paternidad no solo repercute en la vida emocional y familiar de un hombre, sino que también provoca cambios significativos en su cuerpo y su cerebro. Según la antropóloga evolutiva Anna Machin, estos cambios biológicos que acompañan a la paternidad han sido objeto de su estudio durante años. Machin detalla en el pódcast The Diary of a CEO que estos cambios “afectan al cerebro, la psicología y las hormonas masculinas”.

Transformaciones hormonales y su impacto

El primer gran cambio que experimenta un hombre al convertirse en padre ocurre a nivel hormonal. “Cuando un hombre se convierte en padre, su testosterona puede caer hasta un 30%”, asegura Machin. Este descenso no es casual, sino que responde a un mecanismo evolutivo. “La testosterona es excelente si estás saliendo, ya que te hace más competitivo y atractivo. Pero cuando comienzas una relación a largo plazo o tienes hijos, el cuerpo necesita que cambies tu foco de atención hacia la familia”.

Machin explica que este reajuste hormonal reduce los impulsos de búsqueda de pareja y aumenta la disposición al cuidado. Este proceso sería fundamental para la supervivencia de las crías humanas, que dependen de sus progenitores durante un periodo más prolongado que otros mamíferos. De hecho, solo el 5% de los mamíferos machos son padres activos, lo que convierte a la paternidad humana en una rareza evolutiva.

El descenso en los niveles de testosterona también facilita la liberación de otras hormonas clave. “La testosterona alta bloquea las hormonas de vinculación, como la dopamina y la oxitocina”, explica la antropóloga. Con la disminución de esta hormona, el cerebro masculino se vuelve más sensible a las sustancias que promueven el afecto y el apego.

Un cambio biológico hacia la paternidad

Machin describe este ajuste hormonal como un mecanismo que equilibra las diferencias entre madre y padre. Durante el embarazo y el parto, la mujer libera grandes cantidades de oxitocina, dopamina y betaendorfinas, lo que facilita el vínculo con el bebé. En contraposición, el padre necesita un empujón biológico para alcanzar un nivel similar de conexión.

Los estudios mencionados por Machin también indican que los hombres con niveles más bajos de testosterona tienden a implicarse más en el cuidado de los hijos, ya que se sienten más motivados para atender y proteger. “La naturaleza ha diseñado este cambio para ayudarnos a ser mejores padres”, afirma la investigadora. Este ajuste hormonal no solo fortalece el vínculo afectivo, sino que también mejora la capacidad empática y reduce la agresividad.

La antropóloga considera que estos hallazgos desafían los estereotipos tradicionales sobre la paternidad. “Durante mucho tiempo se pensó que el papel del hombre era solo proveer, pero la biología demuestra que el cerebro masculino también se transforma para cuidar”. Machin concluye que la evolución ha moldeado la mente masculina para asumir el papel de padre con la misma intensidad que el de la madre, aunque a través de vías diferentes.

El cerebro y las hormonas de un hombre cambian cuando se convierte en padre. No se trata solo de un acto cultural o social, sino de una transformación biológica profunda que garantiza la supervivencia de la especie”. Este mensaje, respaldado por la neurociencia, resalta una idea clave: la paternidad no se improvisa, se construye desde el propio cuerpo, con un cerebro dispuesto a amar, cuidar y proteger desde el primer día.