La reciente actualización de Windows 11, identificada como KB5067036, ha traído consigo un fallo significativo que afecta el rendimiento de los ordenadores. Este error, descubierto por varios usuarios, puede provocar que el sistema funcione más lento al utilizar una de las herramientas más básicas del sistema operativo: el Administrador de tareas.
El problema radica en que, al cerrar el Administrador de tareas pulsando el botón «X», este no se cierra correctamente. Aunque parece que desaparece de la pantalla, el programa continúa ejecutándose en segundo plano. Esto da lugar a una duplicación del proceso cada vez que se intenta abrir de nuevo. Los usuarios, al querer gestionar sus aplicaciones y revisar el rendimiento del sistema, pueden acabar abriendo múltiples instancias del Administrador de tareas, lo que consume recursos y afecta el rendimiento general del ordenador.
Un parche que trae más problemas
Según informes de Windows Latest, el bug se ha introducido como parte de un parche que se supone debía corregir otro fallo relacionado con la agrupación de programas y el uso del procesador. Aunque Microsoft no ha confirmado oficialmente la existencia de este nuevo problema, muchos expertos sugieren que al intentar solucionar un error, podrían haber creado otro inadvertidamente. La compañía aún no ha proporcionado una fecha clara para la resolución de este bug, lo que deja a los usuarios en una situación incómoda.
Afortunadamente, hay una solución temporal para quienes se enfrenten a este problema. Cada copia del Administrador de tareas que queda abierta puede ser cerrada manualmente. Para ello, los usuarios pueden optar por utilizar la línea de comandos. Abriendo el Símbolo de sistema desde el menú inicio y ejecutando el comando taskkill /im taskmgr.exe /f, se puede finalizar correctamente el proceso del Administrador de tareas. Sin embargo, esta solución tampoco es perfecta, ya que sigue dejando copias en funcionamiento.
Consecuencias del error
La situación se hace aún más preocupante dado que muchos usuarios dependen del Administrador de tareas para diagnosticar problemas de rendimiento. En momentos en que el ordenador parece ir más lento, abrir este programa repetidamente puede agravar la situación, creando una trampa que los usuarios no pueden evitar. La falta de respuesta de Microsoft ante este fallo también genera incertidumbre sobre la fiabilidad de futuras actualizaciones.
En resumen, la última actualización de Windows 11 ha traído consigo un bug significativo que afecta a la eficiencia del sistema, obligando a los usuarios a buscar soluciones alternativas mientras esperan que Microsoft aborde el problema.
