La noche del 30 de octubre de 2015, un incendio devastador arrasó el Club Colectiv en Bucarest durante un concierto de la banda de metalcore Goodbye to Gravity, resultando en la muerte de 65 personas y dejando a 162 heridos. Las bengalas lanzadas durante el espectáculo prendieron fuego a la espuma acústica del local, lo que provocó una rápida propagación del fuego. La tragedia fue exacerbada por la falta de infraestructura y una respuesta inadecuada de los servicios de emergencia.
Entre las víctimas se encontraba Ana Elsa Albu, quien, tras sufrir graves quemaduras, falleció el 19 de noviembre de 2015 en el Hospital de Quemados de Bucarest. Esta tragedia es considerada una de las más mortales en la historia reciente de Rumanía, donde muchas de las víctimas no sobrevivieron a las infecciones nosocomiales en hospitales que carecían de instalaciones adecuadas para tratar quemaduras severas.
Hasta la fecha, 39 heridos fueron trasladados a hospitales en el extranjero debido a la incapacidad de los centros locales para atender sus necesidades médicas. Este suceso puso de manifiesto la falta de un mecanismo efectivo para el tratamiento de grandes quemados en Rumanía, lo que llevó a una cooperación internacional ante la saturación de demanda.
Promesas incumplidas y falta de infraestructuras
A pesar de que han pasado casi diez años desde el incendio, Rumanía sigue sin contar con grandes centros de quemados. En una reciente entrevista, el Ministro de Salud, Alexandru Rogobete, declaró que “la gente ha perdido la paciencia” ante la falta de avances en el tratamiento de quemaduras en el país. Aseguró que, aunque se ha hablado mucho sobre este tema, las promesas no se han materializado.
Actualmente, se están construyendo tres centros de quemados en Timisoara, Târgu Mureș y Bucarest, financiados por un programa de préstamo del Banco Mundial. Se espera que el centro de Timisoara esté listo para recibir pacientes en la primavera de 2024, mientras que los otros dos se completarán entre finales de 2026 y la primera mitad de 2027.
Mientras tanto, cada año, alrededor de 10 000 pacientes acuden a las salas de urgencias de los hospitales rumanos con quemaduras, de los cuales aproximadamente 4 000 requieren hospitalización. El informe del Ministerio de Salud de 2021 indica que alrededor de 200 personas mueren anualmente en el país debido a quemaduras.
La lucha por un sistema de salud efectivo
A pesar de la tragedia, algunos supervivientes, como Bogdan Molesăg, han transformado su dolor en acción, ayudando a otros a recuperarse y abogando por mejoras en el sistema de salud. Bogdan, quien sufrió quemaduras graves y fue tratado en Bélgica, ahora trabaja como psicólogo, ofreciendo apoyo a quienes han pasado por experiencias similares.
Entre 2017 y 2018, supervivientes y familiares de las víctimas presionaron al Ministerio de Salud para establecer un mecanismo de traslado al extranjero para pacientes con grandes quemaduras, basado en criterios claros. Finalmente, en 2019, se aprobó una orden ministerial que legaliza este proceso, un paso importante para mejorar la atención a los afectados.
La tragedia del Club Colectiv no solo ha marcado a las familias de las víctimas, sino que ha dejado una huella profunda en la sociedad rumana, evidenciando las deficiencias del sistema de salud y la necesidad urgente de reformas que garanticen la atención adecuada a los pacientes quemados. Diez años después, la lucha por un sistema de salud efectivo continúa, con la esperanza de que las promesas se conviertan finalmente en realidad.
