La patata, un tubérculo cultivado por primera vez hace más de 8 000 años en el sur de Perú, ha sido objeto de controversia en el ámbito de la nutrición, pero un nuevo estudio revela que no solo es un alimento versátil sino también beneficioso para la salud. Según la investigación del Centro de Investigación Biomédica de Pennington en Louisiana, las patatas no tienen un impacto negativo en los niveles de glucosa en sangre, desafiando la creencia común de que son enemigas de las dietas saludables.
Beneficios nutricionales de la patata
La Fundación Española de Nutrición (FEN) califica a la patata como un alimento básico y fuente de nutrientes esenciales, especialmente la vitamina C. Este nutriente es crucial para el organismo, aunque la cantidad puede disminuir durante la cocción. Para preservar su contenido, se recomienda cocinar las patatas al vapor o al horno, envueltas en papel de aluminio. Una porción de 100 gramos de patata aporta 88 calorías y contiene minerales como el potasio, que contribuye al funcionamiento normal del sistema nervioso y de los músculos.
La investigación publicada en el Journal of Medicinal Food, liderada por la profesora Candida Rebello, analizó a 36 participantes con sobrepeso, obesidad o resistencia a la insulina. La dieta controlada incluyó carne, pescado, verduras, frutas y, por supuesto, patatas. El resultado fue claro: «Demostramos que, contrariamente a la creencia común, las patatas no tienen un impacto negativo en los niveles de glucosa en la sangre», afirmó Rebello. Además, los participantes perdieron peso durante el estudio.
Incorporación de patatas en la dieta
Las patatas se incorporaron en la dieta hervidas, lo que maximiza su contenido en fibra. Este método de cocción, además de conservar los nutrientes, permite que los participantes se sientan saciados más rápidamente, lo que reduce la cantidad de comida consumida sin necesidad de pasar hambre. Este tubérculo resulta ser una opción económica y saludable que no debe ser eliminada de una dieta equilibrada.
Para aquellos que desean mantener un peso óptimo, se recomienda consumir las patatas hervidas y, sobre todo, con piel, ya que en esta parte se encuentra la mayor cantidad de vitamina C. Los carotenoides presentes, como la violaxantina y la luteína, también contribuyen a sus propiedades beneficiosas.
Es importante distinguir entre las patatas naturales y las procesadas, como las patatas fritas, que suelen contener abundante sal y grasas, incrementando su aporte calórico. La FEN advierte que el consumo de estas debe ser moderado, especialmente para quienes siguen dietas hiposódicas. En cambio, las patatas fritas en aceite de oliva o de semillas como el girasol son opciones más saludables debido a su contenido en ácidos grasos insaturados.
En conclusión, la patata es un alimento que, lejos de ser un enemigo de la salud, puede ser un aliado en una dieta equilibrada. Su versatilidad y propiedades nutricionales la convierten en un componente esencial de la cocina mediterránea y en una opción accesible para todos.
