Andrea, una joven de 24 años, ha compartido su experiencia sobre la anorexia, un trastorno de la conducta alimentaria que comenzó tras su mudanza de Viveiro a A Coruña en 2019 para comenzar sus estudios superiores. Este cambio vital, que debería ser un momento de crecimiento, se convirtió en un desafío abrumador que la llevó a desarrollar una relación insana con la comida.
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) pueden surgir de diversas circunstancias, no siempre relacionadas con la búsqueda de un ideal estético. En el caso de Andrea, el miedo y la ansiedad provocados por la vida en una nueva ciudad hicieron que dejar de comer se convirtiera en su forma de sentir que tenía el control. «Cuando vine estaba un poco mal y dejar de comer me hacía sentir que tenía el control de la situación. Me hacía sentir mejor», recuerda.
El impacto del cambio de vida
La transición a la vida adulta a menudo viene acompañada de una presión social intensa, que puede resultar abrumadora. Las expectativas sobre las decisiones que deben tomarse en estos años, como elegir una carrera o formar nuevas amistades, generan un estrés considerable. Andrea enfatiza que no todos están preparados para afrontar estos cambios, lo que puede llevar a un deterioro de la salud mental.
Afortunadamente, el entorno de Andrea se dio cuenta de su situación. Sus amigas, al notar un cambio en su comportamiento, alertaron a sus padres. «Empecé a tener síntomas en septiembre y para diciembre ya me habían admitido en el centro de tratamiento», explica. Desde entonces, su recuperación ha sido un proceso largo y complicado, lleno de altibajos.
Un tratamiento intensivo
El tratamiento inicial fue intensivo, asistiendo al centro cinco días a la semana. Sin embargo, no fue suficiente para alcanzar un peso adecuado. «Me ingresaron en Santiago porque no conseguía recuperar peso y al final me tuvieron que poner una sonda», comenta Andrea, que estuvo más de dos meses en el hospital. A pesar de los esfuerzos, el enfoque del tratamiento no abordó sus necesidades emocionales, lo que llevó a una recaída.
Durante el confinamiento, Andrea experimentó un deterioro significativo en su salud mental. «Estaba muy triste, apática, sin ganas de hacer nada», recuerda. En su punto más bajo, su madre tuvo que mudarse con ella a A Coruña para ofrecerle apoyo. La enfermedad afectó todos los aspectos de su vida, desde la educación hasta las relaciones sociales.
Andrea ha aprendido que la recuperación va más allá del simple aumento de peso. «Cuando ingresé en Santiago, el tratamiento se enfocaba mucho en el peso. Me pusieron la sonda y tenía que hacer cuatro comidas al día, pero no trataban la parte emocional y mental», señala. Su lucha ha sido también por entender que la anorexia no se limita a un número en la balanza.
Actualmente, Andrea continúa su proceso de recuperación. «Mi psicóloga me dice que me voy a curar al 100 %, pero no lo sé. Todavía me queda mucho camino», admite. Aunque ha logrado enfrentar sus miedos alimentarios, sigue tomando medicación antidepresiva y ansiolítica para manejar ciertos aspectos de su trastorno.
La joven destaca la importancia de contar con un círculo cercano de apoyo. «Pude llegar hasta aquí gracias a mi psicóloga, al centro terapéutico, a mis padres, a mi hermana y a mis amigas, que han hecho todo por apoyarme», afirma. Para ella, la anorexia no es simplemente un problema de peso, sino un trastorno mental que necesita ser visibilizado.
Andrea quiere romper con la idea de que la anorexia solo afecta a personas delgadas. «Se piensa que solo tiene anorexia la gente que es muy delgada y que no come, pero ahora mismo, yo hago mis comidas pero sigo teniendo anorexia», explica. Su misión es dar a conocer una realidad más amplia sobre este trastorno, que no debe ser asociado únicamente a un tipo de cuerpo.
La experiencia de Andrea es un recordatorio de que los trastornos de la conducta alimentaria son complejos y multifacéticos. Su historia resalta la necesidad de un enfoque integral en el tratamiento, que aborde tanto los aspectos físicos como emocionales, y la importancia de contar con una red de apoyo que permita a quienes luchan con estas enfermedades encontrar el camino hacia la recuperación.
