Las conservas han sido un pilar en la alimentación de muchas familias españolas, pero aún persisten numerosos mitos que pueden alejar a los consumidores de este práctico alimento. La nutricionista Sandra Vaquera, asesora de Mi Conserva, se encarga de desmentir cinco de los más comunes, resaltando que «las conservas cien por cien naturales pueden (y deben) formar parte de una dieta equilibrada».
Con un estilo de vida cada vez más acelerado, las conservas, ya sean en bote de cristal o en lata, se han convertido en un aliado esencial en la cocina. Estas mantienen sus propiedades durante más tiempo que los alimentos frescos, son fáciles de almacenar y ofrecen soluciones rápidas para cualquier comida. Sin embargo, hay quienes afirman que las conservas son poco nutritivas y están llenas de conservantes y sal. ¿Qué hay de cierto en estas afirmaciones?
Desmontando mitos sobre las conservas
El primer mito que aborda Sandra Vaquera es la idea de que las conservas no aportan nutrientes. La experta explica que «el proceso de elaboración de las conservas no destruye los nutrientes, siempre que se lleve a cabo de forma adecuada». Según un estudio publicado en el Journal of Food Science, las verduras en conserva mantienen niveles similares de vitaminas liposolubles y minerales en comparación con las frescas o congeladas. Además, al ser envasadas inmediatamente tras la cosecha, a menudo conservan mejor sus propiedades que los productos que pasan días en distribución.
En segundo lugar, se menciona la creencia de que una vez abierta, la lata dura muy poco. Vaquera aclara que «depende del alimento». Muchas conservas, si están bien tapadas y refrigeradas, pueden durar entre 3 y 5 días. Las legumbres, por ejemplo, se conservan muy bien, mientras que los pescados tienen una duración más corta. Es crucial manipular las conservas con cuidado y, si es necesario, transferir el contenido a un recipiente de vidrio para su almacenamiento.
Calidad y contenido nutricional
Otro mito a desmentir es el de que las conservas llevan conservantes y aditivos dañinos. «Solo si elegimos mal», señala Sandra Vaquera. Las conservas de calidad no requieren aditivos, ya que el proceso de esterilización elimina microorganismos y el cierre hermético impide la entrada de oxígeno. La clave está en leer las etiquetas y optar por productos que utilicen aceite de oliva y que no contengan potenciadores del sabor o azúcares añadidos.
La nutricionista también aclara que, aunque los productos frescos son valorados por su inmediatez, «las conservas permiten disfrutar de productos fuera de temporada sin desperdicio y con una preparación mínima». Es recomendable combinar ambas opciones en la dieta diaria, eligiendo conservas que complementen un menú saludable y equilibrado.
Por último, respecto al contenido de sal en las conservas, Sandra Vaquera afirma que «hay conservas bajas en sal, y muchas se elaboran sin añadirla». Siempre que no haya condiciones médicas específicas, el consumo moderado es saludable. En el caso de los niños, las conservas son preferibles a la bollería industrial, y se pueden introducir en la dieta desde los 12 meses, especialmente legumbres, que son una forma práctica de fomentar hábitos de alimentación saludables.
Para tener una despensa bien surtida, Sandra Vaquera recomienda incluir conservas de legumbres como garbanzos y lentejas, vegetales como espárragos y alcachofas, y pescados en aceite de oliva como sardinas o atún. «Una buena conserva es un salvavidas; nos permite mantener una dieta variada y equilibrada sin renunciar al sabor ni al valor nutricional», concluye la nutricionista.
