La falta de actividad física prolongada puede tener consecuencias graves para la salud ósea y articular, como advierte el doctor Hunter Bennett en un artículo para The Conversation. Este especialista en ciencia del ejercicio enfatiza que el deterioro de los huesos y cartílagos se produce cuando una persona deja de moverse. Según Bennett, las articulaciones están diseñadas para soportar carga, y es la ausencia de movimiento, más que el impacto del ejercicio, lo que puede provocar daños.
Bennett desmantela el mito de que correr es perjudicial para las rodillas. Estudios recientes indican que no solo el running no daña las articulaciones, sino que, de hecho, puede fortalecerlas. Tras una sesión de carrera, aunque el cartílago se reduzca ligeramente, se recupera rápidamente, facilitando la entrada de nutrientes. Con el tiempo, este proceso contribuye a la adaptación del tejido, lo que resulta en un cartílago más grueso y huesos con mayor densidad mineral, ayudando a prevenir dolencias como la artrosis.
Beneficios del ejercicio en la tercera edad
Bennett destaca también que, incluso en edades avanzadas, introducir actividades de impacto puede ser seguro y beneficioso si se realiza de manera gradual. Un estudio de 2020, centrado en personas mayores de 65 años, demostró mejoras en fuerza y movilidad tras practicar ejercicios pliométricos. Estas actividades implican una carga mayor que correr, lo que refuerza el argumento de que el running no debe temerse.
Sin embargo, la adaptación del cuerpo a nuevas rutinas exige paciencia. La mayoría de las lesiones en corredores están vinculadas a una mala gestión del volumen de entrenamiento. Aumentar demasiado rápido la distancia o la frecuencia puede generar problemas articulares o musculares. Por ello, se recomienda avanzar de forma gradual, alternar con caminatas y priorizar superficies blandas, como el césped. Además, una buena nutrición y el descanso son fundamentales para evitar lesiones por sobreuso.
La importancia de una dieta adecuada
En este contexto, la gastroenteróloga Juliana Suárez resalta la relevancia de una dieta equilibrada. Según ella, la culpa de los problemas de salud no radica en alimentos específicos como las lentejas, el gluten o el ajo, sino en factores como la falta de fibra, el estrés y, por supuesto, el sedentarismo. La combinación de una buena nutrición con actividad física regular es clave para mantener la salud articular y general.
Por su parte, el médico Ramón Cugat también expresa su preocupación sobre el estilo de vida moderno, afirmando que las vacaciones prolongadas pueden ser perjudiciales, sugiriendo que “los fines de semana bastan, suman tres meses y medio al año”. Así, la integración de actividad física en el día a día, junto a una alimentación adecuada, se erige como una estrategia eficaz para fomentar una vida más saludable y prevenir el deterioro físico.
La evidencia es clara: permanecer activo es fundamental no solo para la salud de los huesos y cartílagos, sino para el bienestar general de las personas.
