Un equipo científico del Centro de Investigación del Cáncer (CSIC-USAL-Ficus) ha identificado el papel decisivo de una proteína llamada Capicua en el desarrollo y la resistencia terapéutica de ciertos tumores pulmonares. La investigación, publicada en la revista científica EMBO Molecular Medicine, revela que Capicua actúa como una barrera natural frente a la progresión tumoral en cánceres con mutaciones en los genes KRAS y TP53.
Una proteína con función protectora
Según los autores, Capicua ejerce un papel represor que limita la transformación maligna inducida por estas mutaciones. Cuando está presente, frena la formación del tumor; cuando su función se pierde o disminuye, los mecanismos cancerígenos ganan ventaja y el tumor avanza de forma más agresiva.
El laboratorio, dirigido por el investigador Matthias Drosten, observó que los tumores pueden superar esa función protectora mediante amplificaciones del gen KRAS, una estrategia biológica que les permite seguir creciendo a pesar del bloqueo natural.
Implicaciones en la resistencia a tratamientos
El estudio confirma además que la pérdida de Capicua contribuye directamente a la resistencia farmacológica. Cuando deja de ejercer su papel inhibidor, se altera la respuesta a medicamentos dirigidos y el tumor puede continuar proliferando incluso tras tratamientos eficaces en fases previas.
Estos resultados abren una línea prometedora en investigación oncológica: restaurar la actividad de Capicua o bloquear los mecanismos que compensan su ausencia podría revertir el crecimiento tumoral y mejorar la sensibilidad a las terapias actuales.
Un reto clínico con alcance global
KRAS es uno de los oncogenes más estudiados a nivel internacional y está implicado en aproximadamente un 30% de los cánceres humanos. Durante décadas se consideró un blanco “intratatable”, aunque en la actualidad existen terapias dirigidas que han demostrado eficacia parcial. No obstante, la resistencia sigue siendo uno de los principales obstáculos terapéuticos.
Para validar sus hipótesis, el equipo utilizó modelos animales basados en ratones modificados genéticamente, replicando las mutaciones observadas en tumores humanos. Todos los ensayos contaron con la aprobación ética correspondiente y se desarrollaron bajo estándares internacionales de bienestar animal.
Hacia tratamientos más personalizados
Los investigadores señalan que este hallazgo puede tener una aplicación directa en el ámbito clínico, ya que la identificación de mutaciones o alteraciones en Capicua permitiría anticipar el riesgo de resistencia y ajustar las terapias según el perfil molecular del tumor de cada paciente. El objetivo final es perfilar estrategias más personalizadas y eficaces.
Aunque aún quedan fases de validación y desarrollo, este avance representa un paso significativo hacia una mayor comprensión del cáncer de pulmón y del modo en que los tumores evaden los tratamientos actuales.
