A sus 22 años, Leonidas Askianakis trabaja contrarreloj desde Múnich con una misión tan ambiciosa como urgente: localizar y eliminar basura espacial. Su agenda arranca a las cinco de la mañana y termina cerca de la medianoche. El motivo de tanta dedicación es su proyecto, conocido como Proyecto-S, una startup que aspira a convertirse en un referente en la limpieza orbital, un desafío que ya preocupa a agencias espaciales y gobiernos.
Askianakis estudia Ingeniería Espacial en la Universidad Técnica de Múnich y confiesa que la idea surgió casi por accidente. Durante unas vacaciones universitarias en la isla griega de Creta, observando el cielo estrellado, se preguntó qué ocurriría si algún día la órbita se volviera intransitable. El problema ya es real: millones de fragmentos viajan a gran velocidad alrededor de la Tierra, y su número aumenta con cada lanzamiento espacial.
Una amenaza creciente sobre nuestras cabezas
Según datos de la Agencia Espacial Europea (ESA), existen más de 1,2 millones de objetos mayores de un centímetro orbitando el planeta, y más de 50.000 superan los diez centímetros. Incluso un fragmento minúsculo puede destrozar un satélite o dañar una nave tripulada. Cuanto más pequeños son los restos, más difícil resulta detectarlos, y por lo tanto mayor es el riesgo.
La idea de Askianakis consiste en diseñar un satélite con radar de alta sensibilidad capaz de detectar restos de entre uno y diez centímetros, un rango que actualmente escapa a los sistemas habituales de monitorización. Con esa información, la siguiente etapa contempla el uso de sondas con brazos robóticos para capturar o desviar objetos peligrosos.
De un proyecto universitario a una empresa real
Pese a su entusiasmo inicial, al joven emprendedor no le resultó sencillo encontrar colaboradores dentro de la universidad. Sin embargo, una conversación con Airbus cambió su perspectiva: la compañía reconoció la magnitud del problema y celebró que alguien se planteara una solución comercial. Ese estímulo, junto con la aprobación de una nueva ley espacial de la Unión Europea que obliga a los operadores a gestionar sus residuos orbitales, impulsó la creación oficial de la startup.
Contra todo pronóstico, tras su fundación llegó el impulso definitivo: el Gobierno de Baviera anunció una cofinanciación de un millón de euros para su primera misión espacial, prevista para 2026. La región alemana se ha convertido en uno de los polos tecnológicos europeos más activos en el sector aeroespacial, con más de 10.000 empleos especializados y contratos por valor de 2.900 millones de euros con la ESA desde 2015.
Baviera, el nuevo Silicon Valley espacial
Las autoridades regionales confían en que iniciativas como Proyecto-S eleven aún más el perfil del estado federado. Desde 2018, Baviera ha destinado más de 245 millones de euros al desarrollo de tecnología espacial, incluyendo futuros centros de control y programas de innovación avanzada. Su objetivo es consolidarse como la columna vertebral del espacio europeo.
Para Askianakis, la clave no es abandonar Europa para buscar financiación en Estados Unidos —una condición que varios fondos han llegado a plantearle—, sino demostrar que el ecosistema europeo puede competir si se apoya la innovación desde etapas tempranas.
Mientras tanto, el joven emprendedor continúa trabajando día y noche, convencido de que el futuro del espacio depende de actuar antes de que sea demasiado tarde. Su objetivo es simple pero decisivo: mantener la órbita terrestre segura y accesible para las próximas generaciones.

