La batalla por la cuota de pantalla alarga el ‘prime time’ español

La programación televisiva en España ha alcanzado límites insospechados, ya que programas como Hasta el fin del mundo han terminado más allá de las 02:00 de la madrugada, lo que plantea serias dudas sobre la viabilidad de mantener la audiencia en un horario tan tardío. Según Concepción Cascajosa, expresidenta interina de RTVE y experta en el sector, esta tendencia se debe a una «gran trampa al solitario» relacionada con los índices de audiencia.

El miércoles 12 de noviembre, La 1 estrenó este nuevo formato, un híbrido de Pekín Express que conecta a famosos en una serie de situaciones guionizadas. A pesar de ser líder de la noche con 812 000 espectadores y un 14,3% de cuota, su horario de finalización a las 02:15 resulta inasumible para la mayoría del público, que tiene trabajos y compromisos al día siguiente. De hecho, la final de MasterChef Celebrity también finalizó a las 02:30, lo que ha generado un torrente de quejas entre los telespectadores.

El impacto de la cuota de pantalla en la programación

Esta lucha por el share o cuota de pantalla ha llevado a las cadenas a extender sus programas más allá de lo razonable. Por ejemplo, Antena 3 ha alargado la duración de El Hormiguero y La Revuelta de manera que los programas que les siguen terminan también más tarde. Este fenómeno responde a una estrategia comercial que busca maximizar la audiencia en un entorno donde los niveles de espectadores están en declive.

El share es un indicador crucial que mide el porcentaje de público que ve un programa en un momento determinado. Según Santiago Gómez Amigo, director de Research en Atresmedia, «la cuota es un índice de competitividad que ayuda a medir el porcentaje de espectadores que se decantan por un contenido a esa hora». Esto es vital para atraer anunciantes, quienes prefieren espacios con mayor visibilidad.

Sin embargo, este enfoque ha tenido consecuencias negativas. Datos de la consultora Barlovento Comunicación muestran que la audiencia en el tramo de 22:15 a 22:30 ha caído de 18,2 millones de espectadores en 2014 a solo 12,4 millones en 2024. Este descenso del 33% es un reflejo del cambio en los hábitos de consumo y pone en cuestión la sostenibilidad de la televisión convencional.

¿Un futuro incierto para la televisión tradicional?

A pesar de que RTVE es una cadena pública y sin publicidad, su programación también se ve influenciada por la cuota de pantalla. Aunque la cadena no ha querido hacer comentarios sobre este tema, es evidente que la presión por mantener altos índices de audiencia afecta las decisiones de programación. La crítica de Cascajosa resuena, sugiriendo que este tipo de competencia se asemeja a «un combate de boxeo» que desvía la atención del verdadero propósito del contenido audiovisual.

La estrategia de alargar los programas hasta la madrugada puede parecer efectiva a corto plazo, pero también corre el riesgo de alienar a una audiencia que busca horarios más accesibles. Mientras tanto, el desafío de atraer a los espectadores a la televisión tradicional sigue vigente, especialmente en un contexto donde las plataformas de streaming ofrecen alternativas más flexibles y adaptadas a las necesidades del público actual.