El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha iniciado un proceso de revisión histórica que busca eliminar las huellas del franquismo en sus instalaciones y reconocer a las aproximadamente 500 personas represaliadas tras la Guerra Civil Española. Este cambio se produce en un contexto en el que la institución, considerada la mayor del ámbito científico en España, busca cumplir con la Ley de Memoria Democrática.
En la calle Serrano, en Madrid, se encontraba el antiguo Auditorium de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), un símbolo del conocimiento donde se dieron cita figuras como la física Marie Curie y el poeta Federico García Lorca. Tras la victoria franquista en 1939, Francisco Franco disolvió la JAE y fundó el CSIC, imponiendo un nuevo orden cultural que eliminó a quienes consideraba indeseables.
La actual presidenta del CSIC, Eloísa del Pino, ha liderado este esfuerzo desde su nombramiento en 2022, señalando que era necesario abordar esta revisión tras años de silencio sobre el pasado de la institución. En abril de 2023, se retiró el retrato de José Ibáñez Martín, primer presidente del CSIC, por haber participado en acciones represivas durante su mandato. “Queremos una ciencia católica”, había proclamado en 1940 Ibáñez Martín ante Franco, una frase que refleja la ideología de la época y la política del CSIC en sus inicios.
Un legado de represión y depuración
La investigación titulada Ciencia, Depuración y Memoria, realizada por historiadores como Ana Romero de Pablos, ha permitido identificar a muchas de las víctimas de la represión franquista. Desde su fundación, el CSIC ha sido objeto de un proceso sistemático de depuración que afectó a más del 40% de los científicos vinculados a la JAE, lo que refleja el clima de miedo y censura que imperó durante la dictadura.
Entre los represaliados se encuentra Carmen Herrero Ayllón, pionera en química y en el deporte femenino español. A pesar de haber establecido un récord nacional en lanzamiento de jabalina en 1930, sufrió un proceso de depuración que la marcó profundamente. Aunque no fue sancionada, su carrera se desvió hacia la docencia, limitando su potencial en la investigación.
El proceso de depuración no sólo afectó a científicos de renombre; también impactó a personal de apoyo, como bedeles y mujeres de la limpieza. “La depuración se caracterizó por un alto grado de arbitrariedad y revanchismo personal”, añade Romero de Pablos, quien también subraya que muchos registros de la JAE fueron eliminados durante el franquismo, dificultando el reconocimiento de su legado.
Un futuro sin sombras del pasado
La transformación del CSIC no se limita a la eliminación de símbolos. El Instituto Nacional de Física y Química, que posteriormente fue rebautizado como Instituto Rocasolano, ha sido renombrado en 2023 como Instituto de Química-Física Blas Cabrera, en honor a un destacado físico canario depurado por el régimen. Este cambio de nombre es un paso más hacia el reconocimiento de las injusticias del pasado.
La historiadora Irene Mendoza señala que el sistema de depuración franquista no fue un acto aislado, sino una política continuada que afectó a la vida pública, educativa y científica de España hasta los años setenta. A través de esta revisión, el CSIC busca no solo limpiar su imagen, sino también ofrecer reconocimiento y justicia a quienes fueron víctimas de una represión sistemática.
En un momento en que la memoria histórica cobra cada vez más relevancia, la iniciativa del CSIC representa un esfuerzo significativo por reconciliarse con un pasado doloroso y construir un futuro más inclusivo y justo para la ciencia en España.
