La COP30, celebrada en Belem, Brasil, ha dejado una huella profunda al integrar la educación, la ciencia y la cultura como pilares fundamentales para una transición justa en la lucha contra el cambio climático. Este evento, que tuvo lugar en un territorio emblemático para la biodiversidad, ha sido un punto de inflexión en la gobernanza climática global, recordando la urgente necesidad de actuar ante la crisis ambiental que enfrentamos.
El papel de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) ha sido crucial en este encuentro, no solo como socio estratégico del gobierno brasileño, sino también como voz que resuena con los intereses de las regiones iberoamericanas. En este contexto, su secretario general, Mariano Jabonero, subrayó que «no habrá descarbonización legítima si no se construye desde la equidad, los derechos humanos y la participación de quienes habitan los territorios afectados». Esta afirmación destaca la importancia de involucrar a las comunidades en la formulación de políticas ambientales, asegurando que la transición energética sea inclusiva y socialmente justa.
La voz de la Amazonía y la urgencia del cambio
La Amazonía, un símbolo de vida y vulnerabilidad, ha servido como telón de fondo para esta cumbre, que ha enfatizado la grave situación que enfrentan muchas comunidades. Durante la cumbre, António Guterres, secretario general de la ONU, afirmó que «el mundo no puede permitirse una transición que excluya a quienes menos han contribuido a esta crisis», un mensaje que resonó profundamente con la agenda iberoamericana promovida por la OEI.
La presencia de líderes mundiales en este evento ha puesto de manifiesto la necesidad de llevar las promesas a la acción concreta. Se ha escuchado con frecuencia la demanda de «implementación real», enfatizando la necesidad de políticas que impacten directamente en la vida cotidiana de las comunidades. La OEI ha creado espacios como Iberoamérica Viva, donde más de 300 000 personas han podido interactuar con iniciativas educativas y culturales que abordan los retos del cambio climático.
Cultura y ciencia como motores de cambio
El director general de Cultura de la OEI, Raphael Callou, ha resaltado que «la ciencia diagnostica, pero la cultura transforma», enfatizando que la cultura es un componente clave en la respuesta al cambio climático. Programas como las rutas culturales que vinculan sostenibilidad y adaptación climática son ejemplos de cómo la cultura puede generar alternativas económicas y fortalecer territorios.
Asimismo, Tamara Díaz, directora general de Educación y Educación Técnica Profesional de la OEI, recordó que «los principales embajadores del clima no son los ministros, sino los estudiantes». Esta afirmación subraya la importancia de la juventud en la promoción de acciones climáticas efectivas, destacando iniciativas como el premio Escuelas Sostenibles, que visibiliza proyectos educativos innovadores en Brasil, México y Colombia.
La OEI también ha presentado proyectos que demuestran cómo los niños y jóvenes lideran el cambio cultural hacia la sostenibilidad. En este sentido, la educación ambiental se ha mostrado como una herramienta esencial, ligada a la acción comunitaria y la colaboración intergeneracional.
La COP30 ha sido un claro recordatorio de que la sostenibilidad solo se puede construir desde la base, involucrando a las comunidades y educando a las futuras generaciones. La Amazonía, convertida en aula y laboratorio, ha enfatizado que no habrá transición justa sin equidad social, cultura, ciencia y educación.
Mariano Jabonero concluyó que «el éxito de la COP30 es un éxito para la Amazonía, para Brasil y para la comunidad iberoamericana en su conjunto», marcando este evento como un momento clave para transformar compromisos en acciones concretas que protejan nuestro planeta.
