Cantabria impulsa su sector agroalimentario hacia la sostenibilidad

El sector agroalimentario en Cantabria se erige como un pilar esencial de la economía regional, representando el 6% del PIB total y el 22% del PIB industrial. Con más de 500 empresas, este sector destaca en subsectores como el lácteo, el cárnico y la transformación pesquera. En 2023, las exportaciones superaron los 376 millones de euros, lo que equivale al 11,2% del valor total exportado por la región, teniendo a Francia, Portugal e Italia como los principales destinos. Las conservas de pescado se consolidaron como el producto estrella.

Más allá de su peso económico, el sector agroalimentario cántabro representa el carácter y la cultura de la región, así como su compromiso con la sostenibilidad. Avanzar hacia un modelo agroalimentario moderno y competitivo es fundamental, dado que este sector tiene la capacidad de fijar población, vertebrar el territorio y aportar valor añadido, convirtiéndose así en un área estratégica. Cantabria cuenta con activos diferenciales como una ganadería de excelencia, una industria láctea consolidada y productos del mar de gran calidad, además de una tradición artesanal reconocida internacionalmente.

Desafíos y oportunidades en el agroalimentario

A pesar de su potencial, el sector enfrenta diversos desafíos estructurales. Entre ellos se encuentran una producción primaria atomizada, explotaciones de pequeña dimensión, dificultades para el relevo generacional y una creciente presión normativa en áreas como la ambiental y el bienestar animal. También se suman la volatilidad de precios y los altos costes energéticos, lo que exige un replanteamiento de las estrategias en el sector. La clave no reside en competir por volumen, sino en la calidad, trazabilidad e identidad territorial.

Para fortalecer el vínculo entre el campo y la industria, así como entre productores y consumidores, es necesario impulsar la innovación y la digitalización. Fomentar la venta de proximidad y defender el valor añadido de lo local son pasos esenciales para garantizar un precio justo a agricultores y ganaderos. Adicionalmente, el producto local puede convertirse en un activo turístico de primer orden, permitiendo la promoción de la riqueza del sector a través de experiencias enogastronómicas, visitas y ferias.

Una estrategia de internacionalización y colaboración

En este contexto, avanzar hacia una internacionalización inteligente es imperativo. No se trata solo de exportar más, sino de abrir mercados estratégicos mediante acuerdos, promoción exterior y presencia en plataformas digitales y ferias. La colaboración público-privada será clave, al igual que una visión estratégica que combine políticas agrarias coherentes, investigación, formación y relevo generacional. La Política Agraria Común (PAC) 2023-2027 ofrece un marco favorable para reorientar el modelo productivo hacia prácticas más sostenibles, atendiendo a las particularidades de Cantabria.

Es prioritario mejorar la integración vertical de la cadena de valor, favoreciendo la coordinación entre productores, industria y distribución. Esto podría reducir intermediarios, mejorar la eficiencia y asegurar una remuneración justa. La innovación y la digitalización deben convertirse en vectores de competitividad, explorando desde sensores para el control de explotaciones hasta plataformas de trazabilidad y análisis de mercados. Iniciativas como la Expo Agritech demuestran el potencial, pero su escalado requiere apoyo financiero y técnico.

La especialización productiva y la diferenciación territorial son igualmente fundamentales. Apostar por marcas de calidad, denominaciones de origen y certificaciones es esencial para competir en mercados de valor, tanto dentro como fuera de España. En este sentido, la optimización logística y la mejora de la conectividad territorial son decisivas, especialmente en las zonas rurales, donde invertir en infraestructuras y digitalización es vital para reducir costes y mejorar el acceso a los mercados.

Finalmente, el fomento de la economía circular y la bioeconomía ofrece oportunidades complementarias, desde la valorización de subproductos hasta el desarrollo de bioplásticos, biofertilizantes o energías renovables. La transición agroecológica es ineludible, guiando las políticas agrarias hacia una gestión eficiente de recursos. La inclusión de jóvenes y la formación especializada son imprescindibles, al igual que la promoción de la igualdad de género y la diversidad generacional en un sector que todavía enfrenta importantes brechas.

Cantabria cuenta con historia, talento y recursos para liderar un nuevo modelo agroalimentario más competitivo, sostenible y resiliente. Lo que necesita ahora es una visión compartida, inversiones inteligentes y un compromiso firme por convertir el campo en una palanca real de desarrollo regional.