La figura de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha vuelto a generar controversia al asociarse estrechamente con el ex presidente estadounidense Donald Trump. Infantino, quien estableció su residencia en Qatar coincidiendo con el Mundial 2022, un torneo señalado por la muerte de miles de trabajadores migrantes y la evidente discriminación hacia la comunidad LGTBI, se encuentra en el centro de una nueva “sociedad” del fútbol mundial.
Recientemente, Infantino asistió en Egipto al anuncio del plan de paz de Trump para Gaza, un acuerdo que ha sido criticado por ocultar la continua violencia en la región. Además, el presidente de la FIFA presidió el sorteo que determinará las 48 selecciones que participarán en el Mundial 2026, donde tuvo la audacia de entregar el premio FIFA de la Paz a Trump. Esta distinción, que debería reconocer a quienes trabajan por un mundo más unido y pacífico, resulta inconcebible dado el historial de Trump en materia de derechos humanos desde que asumió el cargo en enero de 2023.
Contradicciones en la promoción del Mundial 2026
Las políticas de la administración Trump han incluido ataques directos a iniciativas de justicia racial, asilo y derechos humanos, lo que ha generado un ambiente hostil para los principios que deberían regir un evento de tal magnitud. A pesar de que la FIFA ha incorporado criterios de derechos humanos en el proceso de candidatura para el Mundial, muchos observadores, incluyendo a Amnistía Internacional, advierten que estos compromisos están en grave riesgo.
El próximo Mundial se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá, aunque parece que el evento se desarrollará principalmente en territorio estadounidense. Las crecientes restricciones migratorias en EE. UU., que incluyen la prohibición de entrada a ciudadanos de ciertos países, amenazan la inclusividad de la competición. Esta situación podría dejar a miles de aficionados sin poder acceder al torneo, lo que contradice el lema de la FIFA, “el fútbol une al mundo”.
La sombra de la discriminación
Las políticas migratorias de la administración Trump, que han llevado a un aumento en las detenciones y la cancelación de visados, representan un obstáculo considerable para que el Mundial sea un evento verdaderamente inclusivo. Cualquier celebración del fútbol que excluya a miles de aficionados no puede considerarse un verdadero homenaje al deporte. La FIFA, mediante su normativa, debe garantizar que el torneo no tenga un impacto negativo en los derechos humanos, pero las acciones recientes sugieren que este principio está lejos de ser cumplido.
La alianza entre Infantino y Trump, lejos de aportar a la promoción de un fútbol inclusivo y respetuoso, parece más bien un intento de crear un espectáculo que ignora las realidades sociales y políticas que rodean a ambos líderes. Infantino continúa buscando la aprobación de Trump, mientras que el futuro del Mundial se ve amenazado por un contexto de creciente exclusión y discriminación.
La comunidad internacional observa con preocupación cómo estas dinámicas podrían afectar no solo el torneo, sino también el mensaje que se envía sobre la relación entre el deporte y los derechos humanos en el ámbito global. La próxima Copa Mundial debería ser una celebración del fútbol en su forma más pura, pero las decisiones actuales sugieren que este objetivo podría verse comprometido.
