Investigadores del Instituto ITACA-UPV de la Universitat Politècnica de València y del Karolinska Institutet en Suecia han revelado que el uso continuado de inhibidores de la bomba de protones (IBP), medicamentos comúnmente prescritos para tratar la acidez y el reflujo gastroesofágico, se asocia con un incremento en el riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica (ERC) y una mayor mortalidad. Este descubrimiento ha sido publicado en la revista Scientific Reports y representa un avance significativo en la comprensión de los efectos a largo plazo de estos fármacos.
El estudio, liderado por Carlos Fernández Llatas, del grupo SABIEN del Instituto ITACA, analizó datos de 294 734 pacientes incluidos en el proyecto SCREAM (Stockholm Creatinine Measurements), uno de los registros sanitarios más completos de Europa, que recoge información de más de 1,6 millones de personas en la región de Estocolmo. Los investigadores compararon la evolución clínica de los usuarios de IBP con aquellos tratados con antagonistas de los receptores H2 (ARH2), otra opción terapéutica para problemas digestivos similares.
Resultados alarmantes sobre la salud renal
Los resultados mostraron que aquellos que habían estado tomando IBP a largo plazo presentaron un mayor riesgo de desarrollar ERC en comparación con los usuarios de ARH2. Además, se observó una mortalidad más elevada en este grupo durante el seguimiento. Sin embargo, el análisis estadístico indicó que no había una relación directa significativa entre el uso de IBP y eventos cardiovasculares adversos, sugiriendo que la enfermedad renal podría actuar como un factor mediador en esta relación.
Carlos Fernández Llatas afirmó: «Los inhibidores de la bomba de protones son fármacos muy útiles, pero su uso prolongado debe revisarse periódicamente». Esta declaración resalta la importancia de realizar un seguimiento constante de la función renal en pacientes que requieren tratamientos de larga duración y de personalizar las decisiones terapéuticas en función de las necesidades individuales.
Recomendaciones para el uso seguro de IBP
El estudio concluye que, aunque los IBP son seguros cuando se utilizan de manera adecuada, su uso crónico sin una indicación médica justificada debe ser evitado. Los autores del trabajo recomiendan la monitorización de la función renal durante tratamientos prolongados y la realización de revisiones periódicas para ajustar las dosis o considerar alternativas. Esto se hace aún más relevante dado el alto número de prescripciones de estos medicamentos en la práctica clínica.
Además, el análisis destaca el potencial de las técnicas de minería de procesos aplicadas a datos clínicos reales, que permiten descubrir patrones y relaciones que podrían no ser evidentes en la práctica médica tradicional. Carlos Fernández Llatas concluyó señalando que «gracias a estas metodologías basadas en inteligencia artificial, podemos identificar relaciones temporales y efectos indirectos que antes resultaban invisibles». Este enfoque es crucial para avanzar hacia una medicina más preventiva, personalizada y segura.
