El Paso del Gran San Bernardo, situado a casi 2.500 metros de altitud entre Suiza e Italia, se erige como un punto emblemático en la historia de la Ruta Francígena, la vía de peregrinación que unía Francia y las Islas Británicas con Roma. Aunque menos conocido que el Caminos de Santiago, este paso ha sido testigo de innumerables travesías desde la Alta Edad Media, desempeñando un papel crucial en el viaje de los peregrinos hacia las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo.
Los peregrinos que intentaban cruzar este inhóspito paso enfrentaban condiciones extremas, como tormentas repentinas y aludes, lo que resultaba en numerosas tragedias. Para mitigar el sufrimiento, en el año 1050, Bernard de Montjoux, archidiácono de Aosta, fundó un hospicio que se convirtió en un refugio para los viajeros. Desde entonces, este lugar ha recibido alrededor de 20.000 visitantes al año y cuenta con la ayuda de más de 30 voluntarios.
Los legendarios perros San Bernardo
Una de las características más notables del Paso del Gran San Bernardo es la cría de los famosos perros San Bernardo, animales que se han convertido en símbolos de rescate en estas duras montañas. Estos perros, conocidos por su gran tamaño y resistencia, fueron entrenados para localizar y salvar a los viajeros perdidos en la nieve. Aunque la imagen popular de los San Bernardos portando barriles de brandy es un mito, su verdadero rol era mucho más heroico y efectivo.
Entre todos estos héroes caninos, destaca uno en particular: Barry, conocido como Barry der Menschenretter («Barry, el salvador de personas»). Este perro, que trabajó en el paso a principios del siglo XIX, se ganó la fama al salvar a 40 personas de la nieve. Su leyenda ha crecido con el tiempo, incluso creando historias exageradas sobre su muerte. Sin embargo, Barry se retiró y falleció en un entorno tranquilo en Berna, donde su cuerpo se conserva como símbolo de su valentía.
El legado del Paso del Gran San Bernardo
La Fundación Barry, establecida en honor a este ilustre San Bernardo, se dedica a la protección de la raza y se encuentra junto al hospicio. Aunque el principal centro de cría ya no se encuentra allí, los visitantes pueden admirar a una treintena de ejemplares durante los meses de verano, disfrutando de paseos guiados que atraen tanto a adultos como a niños.
El Paso del Gran San Bernardo también alberga otros elementos históricos, como un mausoleo que conmemora el paso de Napoleón y su ejército en 1800, y una morgue que guarda cuerpos no reclamados por sus familiares, un recordatorio de los peligros de la travesía. Este paso, abierto al tráfico y a viajeros solo durante los meses de verano, se convierte en un lugar de reflexión sobre el sacrificio y la ayuda al prójimo.
En definitiva, el Paso del Gran San Bernardo es más que un simple cruce de montañas; es un símbolo de resistencia, historia y solidaridad en uno de los entornos más desafiantes de Europa.
