Los glaciares revelan contradicciones en el discurso climático

El glaciólogo Corripio ha puesto en duda el discurso climático dominante al estudiar el comportamiento de los glaciares, revelando una realidad más compleja que la presentada por los modelos actuales sobre el calentamiento global. En su investigación, Corripio, con experiencia en instituciones como el ETH de Zúrich y Météo France, ha observado fenómenos que contradicen la narrativa tradicional acerca del impacto del CO2 en el clima.

Durante su trayectoria, Corripio partió del consenso climático que asumió al inicio de su carrera. Sin embargo, al preparar una conferencia sobre el futuro de la nieve en España, decidió revisar los argumentos críticos al consenso climático, buscando refutarlos. El resultado fue sorprendente: encontró que muchas explicaciones carecían de una base física sólida.

Hallazgos sorprendentes en los glaciares

La experiencia de Corripio se basa en su trabajo de campo, donde ha observado glaciares en retroceso que han revelado troncos de gran tamaño y suelos bien formados, indicativos de un clima más cálido en el pasado, como durante el Óptimo Climático Medieval. Uno de sus ejemplos es Groenlandia, donde los vikingos cultivaban cebada, algo que sería incompatible con las condiciones climáticas actuales.

Estos hallazgos sugieren que los glaciares han experimentado ciclos de avance y retroceso a lo largo de siglos y milenios, lo cual desafía la afirmación de que el calentamiento actual es sin precedentes. Corripio enfatiza que, aunque no existan registros de temperatura antiguos, se pueden reconstruir cambios climáticos abruptos. Por ejemplo, el final de la última glaciación, hace unos 11 000 años, mostró un aumento de temperaturas en regiones como Escocia de manera mucho más rápida que la actual, sin intervención humana.

El papel del CO2 y la crítica a modelos climáticos

Respecto al papel del CO2 en la dinámica de los glaciares, Corripio sostiene que el factor dominante es la precipitación, que supera ampliamente el aporte térmico atribuible al dióxido de carbono. Destaca la importancia de variables como la radiación solar y el momento de la nevada, indicando que una nevada tardía puede proteger un glaciar más eficazmente que un invierno frío.

Si bien reconoce la utilidad de los modelos climáticos, Corripio advierte que muchos de ellos presentan limitaciones significativas. Como experto en simulaciones, señala que la meteorología actual muestra divergencias notables a partir de ciertos puntos, lo que puede llevar a conclusiones erróneas. Critica el uso de promedios de modelos distintos, comparándolo con «promediar relojes estropeados».

Finalmente, Corripio subraya que el disenso científico en el ámbito del clima puede ser problemático, ya que el clima concentra enormes recursos económicos. Este contexto puede penalizar a aquellos que se desvían del consenso dominante, lo que convierte el escepticismo en un tema incómodo. Recalca que los glaciares, con su memoria de siglos, recuerdan que el clima obedece a leyes físicas, no a discursos políticos.