La Rioja se posiciona como la tercera comunidad autónoma con menos personas en lista de espera para recibir atención en dependencia, según datos del Ministerio de Derechos Sociales. Sin embargo, tras esta aparente buena noticia se oculta una realidad desgarradora: en el año 2025, un total de 174 personas fallecieron en la comunidad mientras aguardaban una resolución del sistema, de acuerdo con el Observatorio Estatal para la Dependencia. Actualmente, la lista de espera para acceder a un servicio o prestación asciende a 948 personas, aunque el tiempo medio de tramitación se ha reducido a 174 días, casi la mitad de la media nacional.
La carga invisible de los cuidadores
Detrás de estas cifras se encuentra el colectivo de los cuidadores, un pilar fundamental del sistema que habitualmente sufre en silencio. En La Rioja, más de 17 000 personas se dedican a cuidar de un familiar dependiente, siendo solo 2 000 de ellas hombres. Este desequilibrio se refleja en que cerca del 90% de las excedencias laborales por cuidado de un familiar fueron solicitadas por mujeres.
Los expertos advierten que cuidar sin el apoyo necesario puede derivar en enfermedades con síntomas como el agotamiento crónico, la ansiedad y el aislamiento social. Mariví, quien cuida junto a su hermana de su madre diagnosticada con Alzheimer, describe su situación como «agotador en todos los sentidos» y «muy duro psicológicamente». La carga mental que enfrenta es «horrorosa» por tener que estar «pendiente» constantemente, incluso utilizando cámaras, mientras intenta mantener su trabajo y su vida familiar. «El fin de semana que te toca tienes que dejar tu casa, tu familia para estar pendiente de ella, no tienes tiempo», lamenta.
Demandas de apoyo y reformas necesarias
La experiencia de Mariví evidencia la desaparición del ocio y la vida personal. «Un cuidador necesita, sobre todo, ayuda psicológica», afirma, y solicita recursos para contar con «personas en casa que te echen un cable cuando tú no puedes». Su demanda subraya las carencias que enfrentan muchas familias, a menudo solas ante la enfermedad y la burocracia de la Ley de Dependencia.
Desde el ámbito profesional, se enfatiza que la atención a la dependencia debe ir más allá de lo físico. María José Tapias, trabajadora social, explica que la atención domiciliaria debe abordar también el aspecto emocional y social. Según Tapias, es fundamental que las personas se mantengan activas en la medida de lo posible para garantizar «un envejecimiento saludable» y «una calidad de vida». «Una persona necesita sentirse escuchada, valorada y acompañada», subraya.
Para Tapias, el acompañamiento es un pilar clave en el cuidado. «El apoyo emocional y el acompañamiento son tan importantes como la atención médica», asegura. Su enfoque busca una atención personalizada e integral, centrada en la dignidad de la persona.
En la actualidad, en La Rioja hay 10 635 personas reconocidas como dependientes, de las cuales 6 873 son mujeres. Ante esta realidad, el Gobierno de La Rioja ha presentado una propuesta para reformar el modelo de financiación autonómica, ya que considera que el actual penaliza a la región y no refleja las necesidades reales en materia de dependencia.
