La educación sexual comienza en casa, según Elena Crespi

La psicóloga y sexóloga Elena Crespi ha afirmado que la educación sexual comienza antes de que los niños nazcan y se desarrolla a lo largo de su infancia y adolescencia. En su libro Habla con ellos de sexualidad, ilustrado por Elisenda Soler, Crespi aborda la importancia de los gestos de cariño y conexión emocional entre los padres, que son fundamentales para que los hijos puedan establecer vínculos sanos en el futuro.

La lucha contra el sexismo en la educación

Según Crespi, el sexismo está profundamente arraigado en nuestra sociedad y, aunque es difícil erradicarlo por completo, es esencial que los padres tomen conciencia de cómo sus actitudes y mensajes pueden influir en la educación de sus hijos. «El primer paso es revisar cómo hablamos y qué expectativas tenemos de niños y niñas», señala. Esta revisión permite detectar el sexismo en la vida cotidiana y actuar de manera más coherente, ofreciendo modelos educativos más justos y respetuosos.

La naturalidad y el respeto son claves al hablar del cuerpo con los hijos, según la experta. Ella enfatiza que todas las partes del cuerpo son importantes y que los niños deberían conocer sus nombres reales desde una edad temprana. Utilizar eufemismos solo para los genitales puede transmitir la idea de que hay algo vergonzoso en ellos, lo que afecta la percepción que los niños tienen de su propio cuerpo.

Preparación para la adolescencia y las relaciones

A los trece años, muchos adolescentes ya han tenido algún tipo de educación sexual, aunque esta no siempre sea la más adecuada. Crespi destaca que, aunque no se hable explícitamente en casa, los menores reciben información de su entorno, medios de comunicación e internet. Este aprendizaje, a menudo cargado de estereotipos y creencias erróneas, subraya la necesidad de que la educación sexual se aborde de manera progresiva y adaptada a la edad de los niños.

La forma en que los padres expresan cariño y afecto tiene un impacto profundo en la educación afectiva de sus hijos. Crespi recoge en su libro que muchos adultos han crecido sin ver gestos de cariño entre sus padres, lo que puede dificultar la construcción de relaciones sanas en el futuro. La frialdad emocional en el hogar puede llevar a dificultades en la expresión afectiva y en la formación de vínculos significativos.

Ante el auge del consumo de pornografía digital entre los jóvenes, la psicóloga subraya la importancia de hablar abiertamente sobre el tema. «No se trata de si se van a encontrar con el porno, sino de cuándo y cómo», afirma, sugiriendo que es mejor abordar la conversación antes de que los adolescentes se expongan a contenido sin preparación. Esto incluye normalizar escenas de afecto y deseo en medios de comunicación para crear espacios de confianza donde los jóvenes puedan preguntar y expresar sus dudas.

El consentimiento es otro tema crucial en la educación sexual. Crespi sostiene que aprender sobre consentimiento comienza mucho antes de hablar de sexualidad. Se trata de respetar los límites de los demás y enseñar a los niños a hacerlo. Situaciones cotidianas, como pedir permiso para tomar algo o aceptar un «no», son fundamentales para que entiendan que nadie tiene derecho a tocar a otra persona sin su consentimiento explícito.

Finalmente, la psicóloga aconseja que los padres mantengan un equilibrio entre acompañar a sus hijos y respetar su intimidad. Es esencial que los adolescentes sientan que pueden contar con sus padres sin miedo al juicio, mientras que también se les debe permitir explorar su autonomía y madurez.

Una educación sexual adecuada es aquella que promueve el respeto, la diversidad y la capacidad crítica, y que está impregnada de una perspectiva feminista y de derechos humanos. Crespi concluye que cuando los niños y adolescentes pueden hablar de sexualidad con naturalidad y cuestionar los mensajes que reciben, están en el camino hacia una educación sexual saludable.