La conexión entre la salud intestinal y la belleza de la piel

La nutricionista María José Cachafeiro, autora del libro ‘Rejuvenece comiendo’, ha destacado la importancia de la salud intestinal para mantener una piel radiante. Según Cachafeiro, el estado de nuestra piel puede reflejar con gran precisión el funcionamiento de nuestro sistema digestivo, la microbiota y nuestros hábitos alimenticios.

En una reciente entrevista, la experta subrayó que «la piel no se cuida solo en el baño, se cuida, sobre todo, en la cocina». Este enfoque enfatiza que lo que ingerimos diariamente tiene un impacto directo en la apariencia cutánea. «La piel es un órgano especialmente ‘chivato'», afirma Cachafeiro, lo que significa que nuestras elecciones de vida se reflejan en nuestro cutis. Factores como la falta de sueño, una mala alimentación y el estrés pueden manifestarse en problemas cutáneos.

La alimentación como factor clave para una piel saludable

La nutricionista considera que la alimentación es uno de los elementos más determinantes en el envejecimiento cutáneo, y también uno de los más modificables. «No envejecemos solo por los años, sino por cómo vivimos», señala. Aunque no existen alimentos milagrosos, sí hay productos que favorecen la salud de la piel, y otros que la perjudican. Consumir más frutas y verduras es fundamental, ya que aportan antioxidantes, vitaminas y compuestos antiinflamatorios esenciales para proteger las fibras de colágeno y elastina.

Los frutos rojos, los cítricos, el kiwi y la granada son ejemplos de alimentos ricos en vitamina C y polifenoles que benefician la piel. Además, la zanahoria, la calabaza y el tomate ofrecen carotenoides que ayudan en la fotoprotección interna, mientras que las verduras de hoja verde aportan minerales y compuestos detoxificantes. «Cuantos más colores haya en el plato, más tranquila suele estar la piel», asegura Cachafeiro.

Grasas y proteínas: aliados para la piel

Además de frutas y verduras, Cachafeiro hace hincapié en la importancia de incluir grasas saludables en la dieta. «La piel necesita grasa, y sobre todo que sea de buena calidad», explica. Alimentos como el aceite de oliva virgen extra, el aguacate, el pescado azul y los frutos secos son ideales para mantener la barrera cutánea, disminuir la inflamación y mejorar la retención de hidratación.

En cuanto a las proteínas, la nutricionista recuerda que «el colágeno no se fabrica con aire, se fabrica con aminoácidos». Alimentos como los huevos, las legumbres, el pescado y las carnes magras son necesarios para proporcionar estos aminoácidos. «Si además hay vitamina C, zinc y cobre, el cuerpo puede hacer bien su trabajo», añade Cachafeiro.

Sin embargo, hay alimentos que pueden perjudicar la salud de la piel. Según la experta, el azúcar y las harinas refinadas son los principales culpables de la glicación, un proceso que vuelve rígidas las proteínas como el colágeno. «El resultado de abusar de los azúcares refinados se traduce en una piel apagada, mayor flacidez y más arrugas», advierte.

Los ultraprocesados son considerados la «bestia negra» de la piel, no solo por su contenido de azúcares y grasas no saludables, sino porque desplazan a los alimentos nutritivos. Una dieta rica en ultraprocesados se asocia con inflamación sistémica y una microbiota debilitada, lo que puede llevar a problemas cutáneos como el acné adulto y la rosácea.

Finalmente, Cachafeiro destaca que «no hay piel sana sin un intestino que funcione bien». El consumo excesivo de alcohol, por ejemplo, deshidrata y aumenta el estrés oxidativo, afectando la calidad de la piel. «Una copa puntual no es el problema; normalizar el consumo, sí», asegura.

Para cuidar la piel de manera efectiva, la nutricionista aconseja adoptar hábitos de alimentación saludables de forma constante, priorizando los alimentos reales y minimizando los productos procesados. «La mejor base de una rutina antiedad es una buena alimentación repetida muchas veces. No es espectacular, ni inmediata, pero es la que funciona de verdad», concluye Cachafeiro.