La Iglesia aborda la soledad de los mayores con iniciativas activas

La soledad no deseada entre los mayores es un fenómeno alarmante que afecta a un número creciente de personas, especialmente aquellas que residen en centros geriátricos. Según datos presentados por Jaime Tamarite, presidente de Vida Ascendente, en una residencia modelo, un 20% de los ancianos no recibían ninguna visita. Esta dura realidad, como señala Álvaro Medina, delegado de pastoral del mayor en Getafe, «nos llama a gritos, aunque no se les escuche».

Con el fin de mitigar esta problemática, han surgido diversas iniciativas, destacando Vida Ascendente, una organización laical que cuenta con 12.000 miembros en España y forma parte de una red internacional. Su enfoque se centra en una dimensión frecuentemente ignorada: la espiritualidad de las personas mayores. Tamarite afirma que «nos ocupamos de su bienestar, de su salud, pero no de su espíritu», poniendo de relieve la necesidad de un cuidado integral hacia este colectivo.

Un cambio de perspectiva sobre la vejez

Desde estas organizaciones se aboga por un cambio de enfoque, considerando que los mayores de entre 70 y 80 años tienen por delante «10, 15 años de vida activa» que pueden dedicar al acompañamiento de otros ancianos. «Los mayores no son destinatarios de la atención, son también personas activas», insiste Tamarite, resaltando el valor de su sabiduría acumulada a lo largo de la vida como un recurso inestimable para las generaciones más jóvenes.

En la diócesis de Getafe, el Plan RUT aborda el problema de la soledad desde una perspectiva comunitaria. Medina, su coordinador, señala que la estructura familiar ha cambiado, y ya no puede asumir en solitario el cuidado de los mayores. Por esta razón, el plan moviliza voluntarios que trabajan en parejas para visitar a una persona mayor con el objetivo de «restablecer la vida, la relación social y familiar» de aquellos que la han perdido.

Voluntariado y el papel de la Iglesia

Medina destaca que el modelo familiar tradicional, caracterizado por «un abuelo, dos padres y cuatro hijos», ha cambiado, lo que dificulta el cuidado de los mayores desde la familia. La razón de que los voluntarios acudan de dos en dos es asegurar la continuidad del acompañamiento, de tal manera que la relación social creada «nunca se interrumpa» por motivos personales o de salud de uno de los voluntarios.

Ambas iniciativas subrayan el papel crucial de la Iglesia en la atención a los mayores, un enfoque promovido por el Papa Francisco, que ha instado a la sociedad a no olvidar a este colectivo. Además, se resalta la importancia de fomentar encuentros intergeneracionales, que conecten a jóvenes y mayores para un enriquecimiento mutuo. Tamarite menciona colaboraciones con universidades como la Francisco de Victoria para acercar la formación en acompañamiento a las nuevas generaciones.

El compromiso de la Iglesia y de organizaciones como Vida Ascendente refleja la necesidad urgente de abordar la soledad de las personas mayores, promoviendo no solo su bienestar físico, sino también su salud emocional y espiritual, en un esfuerzo por construir comunidades más solidarias e inclusivas.