El doctor José Manuel Felices, médico y divulgador, ha realizado una contundente advertencia sobre los efectos del alcohol, describiéndolo como un “préstamo con intereses abusivos”. Según Felices, el alcohol, aunque inicialmente puede parecer un estimulante que nos desinhibe, es en realidad un depresor del sistema nervioso.
En su análisis, el doctor enfatiza que “la única cantidad de consumo de alcohol totalmente segura es cero”. Esta afirmación, aunque difícil de asimilar para muchos, se basa en una perspectiva estrictamente médica y oncológica. Felices distingue entre un consumo esporádico y uno que podría considerarse «saludable», afirmando que este último no existe científicamente.
El impacto del alcohol en el cerebro
El médico explica que el alcohol afecta nuestro cerebro de manera similar a cómo una orquesta puede ser distorsionada: “Actúa bajando el volumen de la sección de cuerdas, que nos hace ser prudentes, y sube el volumen de la percusión, que representa la impulsividad”. Este efecto se debe a la potenciación de un neurotransmisor llamado GABA y la inhibición del glutamato, lo que provoca una pérdida de juicio y coordinación.
El doctor Felices también menciona que el alcohol tiene un efecto inmediato en el hipocampo, que se encarga de almacenar recuerdos. “El alcohol interfiere en un proceso llamado ‘potenciación a largo plazo’, impidiendo que las neuronas fijen la información”, explica. Esto resulta en lo que los expertos conocen como “amnesia en bloque” o “blackout”, un fenómeno que puede ocurrir tras un consumo elevado de alcohol.
Consecuencias a largo plazo y alternativas saludables
Además, el consumo crónico de alcohol puede llevar a la reducción del volumen del hipocampo, lo que a su vez afecta nuestra capacidad para formar nuevos recuerdos. “No es que cada copa mate instantáneamente millones de neuronas, sino que se produce una poda de las conexiones neuronales”, advierte el doctor. Esta atrofia neuronal puede hacer que las personas se sientan mentalmente menos ágiles y emocionalmente más planas.
El doctor concluye su discurso subrayando que “el alcohol es la gasolina para ese fuego de la ansiedad y no el agua”. Invita a quienes sientan la necesidad de beber diariamente a buscar ayuda profesional, destacando que hay formas más eficaces y saludables de lidiar con el estrés y la ansiedad. “Los médicos estamos aquí para acompañar, no para juzgar”, añade.
Este enfoque directo y científico del doctor Felices resuena como un llamado a la conciencia sobre los peligros del alcohol, y su mensaje es claro: cuidar de nuestra salud mental y física debe ser una prioridad.
