El Gobierno de Pedro Sánchez ha bloqueado la propuesta de ley de Vox que buscaba prohibir el uso del burka y el niqab en espacios públicos, lo que ha creado una nueva grieta con el movimiento feminista. Aunque la iniciativa contó con el apoyo del PP, la mayoría de la izquierda la ha calificado de «racista» y «xenófoba», sin tener en cuenta que muchos sectores del feminismo se oponen al burka y al velo islámico.
Reacciones del feminismo ante la propuesta
La Alianza Contra el Borrado de las Mujeres, que representa a numerosos colectivos feministas, ha manifestado que el uso del velo islámico atenta contra «la dignidad y la libertad» de las mujeres. Ángeles Álvarez, una reconocida feminista, ha afirmado que «el ocultamiento del cuerpo femenino es un símbolo y un mecanismo para imponer una sociedad basada en la segregación entre hombres y mujeres». Prominentes figuras como Laura Freixas y Elena Ramallo también han respaldado la iniciativa de Vox, argumentando que busca proteger a las mujeres y niñas de la discriminación.
El próximo 8 de marzo, las feministas llevarán su mensaje a las calles, con el lema «¡Ni veladas, ni explotadas, ni prostituidas!», en una clara señal de su postura frente al uso del burka. Por su parte, la Comisión 8M, que suele estar alineada con Sumar y Unidas Podemos, organizará una marcha centrada en la lucha contra el «fascismo» y el antirracismo.
La postura del Gobierno y nuevas propuestas
El rechazo del PSOE a la medida de Vox ha generado una situación compleja. Patxi López, portavoz socialista en el Congreso, ha indicado que, aunque consideran «xenófoba» la propuesta, están abiertos a «abrir el debate» sobre el uso del burka. El PNV también ha expresado interés en estudiar la cuestión, sugiriendo la creación de una subcomisión para abordar el uso del velo integral femenino.
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha argumentado que la prohibición del burka vulnera artículos de la Constitución española, específicamente los que garantizan la igualdad de género y la libertad religiosa. Sin embargo, esta defensa no ha convencido a las feministas, quienes consideran que el debate debería centrarse en la protección de los derechos de las mujeres.
Este conflicto evidencia una nueva polarización en el feminismo clásico, que critica al Gobierno por su acercamiento a los postulados transgeneristas y su falta de acción sobre temas como la prostitución y la gestación subrogada. La creciente división en el feminismo se vislumbra claramente en la proximidad del 8-M, donde las diferentes corrientes se enfrentarán en la esfera pública.
