El estrecho de Ormuz, por donde transita entre el 20% y el 25% del petróleo mundial y cerca de una quinta parte del gas natural licuado (GNL), se ha convertido en el epicentro de una crisis que va más allá de lo militar. Un cierre de este estratégico paso marítimo podría triplicar el precio del gas en Europa en un periodo de 90 días, lo que plantea serias preocupaciones sobre la seguridad energética del continente.
La importancia de Ormuz no se limita al volumen de hidrocarburos que transporta, sino también a la concentración de recursos y la limitada capacidad logística para sustituirlos. Mientras que parte del crudo procedente de Arabia Saudí y emiratos puede ser redirigido por oleoductos hacia el Mar Rojo, Catar depende casi por completo de este estrecho. Si el tránsito se interrumpe de manera sostenida, el problema no sería solo de precios, sino también de la logística física.
Intereses en conflicto en el Golfo Pérsico
La situación en la región exige un análisis prudente, ya que la dinámica actual responde a la interacción de múltiples actores con intereses dispares. En el Golfo interactúan agentes como Irán, Israel, Arabia Saudí, Catar, China, India y Estados Unidos. En este contexto, las grandes potencias suelen llegar a las crisis con reservas estratégicas, capacidad exportadora y acuerdos de suministro reforzados. Sin embargo, el mercado es el que amplifica cualquier tensión regional.
Estados Unidos afronta esta crisis como exportador neto de energía, con reservas estratégicas y una creciente capacidad de exportación de GNL. En contraposición, Europa sigue siendo importadora neta, dependiendo de los mercados globales para fijar su precio de referencia. El petróleo Brent ha reaccionado con subidas moderadas, lo que indica que el mercado descuenta riesgo, pero no una pérdida masiva de oferta.
Impacto en el gas natural y la inflación energética
El impacto potencial en el mercado del gas es aún más sensible para Europa. Aproximadamente el 10% de las importaciones europeas de GNL dependen de Catar y, por ende, de Ormuz. Países como Italia, Bélgica y Polonia son algunos de los más expuestos, con España también en el mapa. El mercado del gas natural se mueve según el precio marginal global, y el TTF, referencia europea de este recurso, se fija en función de la competencia global por los cargamentos disponibles.
La consultora ICIS estima que, en el caso de un cierre prolongado, el TTF podría elevarse de 30 a 90 €/MWh. Aunque Europa ha diversificado sus proveedores desde 2022, el riesgo persiste, ya que los precios continúan formándose en un mercado global donde un incidente en el Golfo Pérsico impacta directamente en ciudades como Madrid, Milan o Berlín.
Mientras Europa dependa de rutas que no controla y de índices que no fija, cada crisis en un estrecho estratégico activará el mismo mecanismo: tensión geopolítica en el exterior y inflación energética en el interior. Este fenómeno no es una anomalía, sino el diseño del sistema. Ormuz no es solo un episodio más en Oriente Medio; es una clara señal de que la seguridad energética europea sigue condicionada por corredores logísticos ajenos, y esa dependencia, tarde o temprano, volverá a pagarse.
