Las sardinas, un alimento tradicional y económico en muchas despensas españolas, están ganando atención en el ámbito científico por sus beneficios potenciales en la salud metabólica. El doctor Borja Bandera ha destacado que «las sardinas pueden mejorar la resistencia a la insulina y disminuyen los marcadores inflamatorios», basándose en un reciente ensayo clínico realizado con pacientes diagnosticados con diabetes tipo 2.
En este estudio, se dividió a los participantes en dos grupos: uno siguió una dieta estándar y el otro incorporó 100 gramos de sardinas al día, cinco días a la semana, durante un periodo de seis meses. Todos los individuos recibieron educación nutricional y fueron monitorizados a lo largo de medio año. Uno de los hallazgos más significativos fue el aumento del índice omega-3, que mide la cantidad de ácidos grasos EPA y DHA en las membranas de los glóbulos rojos, el cual pasó del 5% al 8% en el grupo que consumió sardinas, un cambio que no se observó en el grupo control.
Beneficios de las sardinas en la salud metabólica
Un índice omega-3 más elevado está asociado con un menor riesgo de enfermedad coronaria y de muerte súbita. Además, este cambio mejora las propiedades de los glóbulos rojos, haciéndolos más flexibles, lo que facilita la circulación sanguínea, un aspecto crucial para personas con diabetes, donde las complicaciones microvasculares, como la retinopatía o la nefropatía, son frecuentes.
El estudio también evaluó la resistencia a la insulina utilizando el índice HOMA-IR. En el grupo que consumió sardinas, se observó una mejora en la resistencia a la insulina, acompañada de un aumento de la adiponectina, una hormona relacionada con una mejor salud metabólica. Bandera subraya que los beneficios no se explicarían únicamente por el contenido de omega-3, ya que las sardinas (Sardina pilchardus) son especialmente ricas en taurina, un aminoácido que ha demostrado mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir marcadores inflamatorios en estudios experimentales.
Consideraciones sobre la microbiota intestinal y la sostenibilidad
Otro hallazgo relevante fue la modificación del perfil de la microbiota intestinal. En el grupo que consumió sardinas, se redujo la proporción de firmicutes y el ratio firmicutes/bacteroides, un patrón que suele observarse en personas que pierden peso o mejoran su salud metabólica tras intervenciones dietéticas o incluso cirugía bariátrica. Aunque no todos los marcadores inflamatorios cambiaron de forma significativa y no se detectaron variaciones claras en la hemoglobina glicosilada (HbA1c), los investigadores apuntan que el tamaño reducido de la muestra, con solo 35 participantes, limita la potencia estadística del estudio. Asimismo, el consumo de sardinas suele hacerse enlatadas en aceite de oliva virgen extra, lo que podría influir en los resultados.
Aparte de los datos clínicos, Bandera resalta aspectos prácticos. Las sardinas son un pescado azul pequeño, generalmente salvaje, con bajo contenido en mercurio, debido a su dieta basada principalmente en plancton y no en otros peces. Además, son más sostenibles que especies de mayor tamaño. En contraposición a productos exóticos etiquetados como superalimentos, el mensaje del especialista es claro: los alimentos tradicionales y accesibles pueden ofrecer beneficios metabólicos relevantes.
Incorporar sardinas de manera habitual dentro de un patrón dietético equilibrado podría ser una estrategia sencilla y efectiva para mejorar la salud cardiometabólica, especialmente en personas con riesgo de diabetes tipo 2.
