El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, sorprendió el pasado sábado con un discurso televisado en el que anunció que su país no llevaría a cabo más ataques contra naciones vecinas, siempre que estas no agredieran a Irán. Este pronunciamiento parecía abrir la puerta a una posible desescalada del conflicto que se había intensificado tras los recientes ataques coordinados de Israel y Estados Unidos al régimen islamista iraní. Sin embargo, rápidamente surgieron dudas sobre la autenticidad de esta oferta de paz.
La Guardia Revolucionaria, la rama militar del régimen, contradijo a Pezeshkian al reafirmar la legitimidad de sus objetivos en la región, continuando los ataques a lo largo del día, que incluyeron impactos en Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Qatar. Este giro en la narrativa obligó a Pezeshkian a matizar sus declaraciones, lo que evidenció una profunda división interna en el régimen iraní, no solo entre los políticos y los militares, sino también entre los propios políticos.
Las palabras de Pezeshkian fueron respondidas por Donald Trump, quien las interpretó como una rendición de Irán y atribuyó sus disculpas a la presión que él mismo había ejercido. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, acusó a Trump de «matar» la oferta de paz presentada por Pezeshkian, sugiriendo que había sido malinterpretada por el mandatario estadounidense.
Inminente elección del nuevo líder supremo
Este contexto de división y desacuerdos se produce en un momento crítico, ya que se acerca la elección del sucesor del fallecido líder supremo, Ali Jamenei, quien murió en un ataque israelí a su búnker en Teherán el pasado fin de semana. Según información de Al Jazeera, citando a la agencia de noticias Fars, el ayatolá Mohammad-Mahdi Mirbagheri, miembro de la asamblea de 88 expertos de Irán, ha insinuado que la decisión sobre el nuevo líder podría estar próxima.
Mirbagheri afirmó que se han realizado «grandes esfuerzos para determinar el liderazgo» y que se ha alcanzado «una opinión decisiva y unánime». A pesar de ello, Israel ha advertido que eliminará a cualquier posible sucesor de Jamenei, lo que añade una capa de complejidad a la situación política interna de Irán.
Un análisis de Patrick Wintour en The Guardian sugiere que las Fuerzas Armadas de Irán están actuando de manera autónoma, sin coordinación con la rama política representada por Pezeshkian. Sin embargo, este último sostiene que su oferta de no atacar a los vecinos es una decisión colectiva del grupo tripartito que gobierna el país tras la eliminación de Jamenei.
Wintour también apunta a que Pezeshkian podría haber iniciado conversaciones privadas con los países de Oriente Medio involucrados en la reciente escalada militar. Según su análisis, esta disputa interna refleja cómo el poder se ha distribuido en tiempos de guerra, con líneas de autoridad que están cambiando, lo que ha llevado a algunos clérigos y medios de línea dura a exigir la elección de un nuevo líder supremo lo más pronto posible.
El ayatolá Makarem Shirazi ha afirmado que una decisión sobre el nuevo líder es «esencial dada la actual confusión política». El retraso en la elección del nuevo líder podría ser el resultado de un estancamiento o un intento de dar a las fuerzas políticas moderadas del país una oportunidad para ganar ventaja sobre la estrategia de guerra.
En un giro adicional, el régimen iraní habría liberado a tres presos políticos tras la muerte de Jamenei, lo que podría ser un intento de apaciguar las tensiones internas. En medio de esta agitación, Trump ha declarado públicamente que él tendrá la última palabra en la elección del nuevo líder supremo, lo que añade una dimensión externa a la crisis interna de Irán.
