España debe fortalecer su soberanía tecnológica para competir

España se enfrenta a un desafío crucial en su competitividad internacional: la necesidad de reforzar su soberanía tecnológica, su escala industrial y el talento disponible. La reciente publicación del informe Ciencia, Industria y Competitividad por parte de la Fundación Alternativas subraya la urgencia de este asunto en un contexto de aceleración tecnológica y creciente tensión geopolítica.

La importancia de la soberanía tecnológica

El informe establece que ser competitivo en el mundo actual implica contar con capacidades propias en áreas industriales, tecnológicas y de talento. La soberanía tecnológica es un concepto que abarca la influencia geopolitica, las capacidades internas en investigación y desarrollo (I+D), así como la regulación y gobernanza necesarias para un entorno competitivo. En este sentido, la inteligencia artificial, como tecnología habilitadora y dual, juega un papel fundamental, ya que su implementación requiere no solo software, sino también infraestructuras robustas y hardware especializado.

Asimismo, la ciberseguridad se presenta como un elemento estructural de la competitividad, especialmente en un contexto de guerra híbrida donde la digitalización amplía las superficies de ataque. Aunque la inteligencia artificial mejora la detección y respuesta ante amenazas, también puede aumentar la escala y la complejidad de los ataques cibernéticos, lo que complica su atribución y respuesta.

Retos en el ecosistema empresarial

El diagnóstico sobre el ecosistema empresarial español revela que se está perdiendo velocidad en la conversión de ciencia en productos y capacidades industriales. Las barreras a la innovación y la falta de coordinación se ven acentuadas por la insuficiencia de capital riesgo. En comparación con otros países, España se enfrenta a un estancamiento en segmentos de bajo valor añadido, lo que exige políticas que abarquen toda la cadena de valor, desde la formación hasta los marcos regulatorios.

Además, la doble transición hacia lo verde y lo digital debe ser un eje central en la estrategia de competitividad. Esta transición no solo tiene que ver con la innovación, sino también con la reducción de riesgos sistémicos, un aspecto que se ha vuelto crítico en el actual panorama global.

A pesar de que el balance de los recursos humanos en España es positivo, con un componente sólido en el sistema de innovación, persisten desigualdades territoriales que afectan la concentración del talento. Las universidades públicas desempeñan un papel esencial, pero es fundamental abordar las debilidades en la gestión de la investigación y en la atracción de talento, especialmente en áreas tecnológicas estratégicas.

La equidad de género emerge como un motor de competitividad, ya que un sistema que no aprovecha la diversidad limita su capacidad de innovación. Aunque España cuenta con un elevado número de mujeres inventoras, la mayoría provienen del ámbito académico y muy pocas del sector empresarial. Esta situación resalta la necesidad de implementar programas de mentorazgo y financiamiento que promuevan el liderazgo femenino en la tecnología.

Finalmente, es esencial conectar la política científica con el modelo productivo para no perder oportunidades en la transferencia y adopción tecnológica. Tratar la ciencia como una esfera separada ha sido uno de los errores del sistema español, y es momento de corregir este rumbo. Una estrategia adecuada de innovación debe estar indisolublemente ligada a la seguridad, la resiliencia y la atracción de talento, si se desea que España no solo compita, sino que lidere en el futuro tecnológico.