Restos del perro doméstico más antiguo hallados en Turquía y Reino Unido

Un hallazgo extraordinario en el ámbito de la antropología ha revelado que el perro es el mejor amigo del hombre desde mucho antes de lo que se pensaba. Restos óseos encontrados en Turquía y el Reino Unido han demostrado que, hace casi 16 000 años, mucho antes del surgimiento de la agricultura, los humanos ya alimentaban a estos animales y les ofrecían rituales de entierro. Esta información proviene de dos estudios publicados simultáneamente en la revista Nature, realizados por un equipo de científicos de más de una veintena de instituciones internacionales.

La evidencia más antigua previamente conocida sobre la domesticación de perros se había encontrado en Rusia, datando de hace 10 900 años. Sin embargo, los nuevos hallazgos incluyen una pequeña mandíbula descubierta en la Cueva de Gough (Inglaterra) y los restos de un cachorro en Pinarbasi (Anatolia, Turquía), que demuestran que los perros se habían diferenciado genéticamente de sus ancestros, los lobos grises, al menos 5 000 años antes.

El cachorro, que tiene una antigüedad de 15 800 años, fue hallado enterrado junto a restos humanos, mientras que la mandíbula, de 14 300 años, representa el segundo registro más antiguo identificado. Según el Dr. Lachie Scarsbrook de la Universidad de Múnich y coautor del estudio principal, “esto plantea la posibilidad de que la domesticación se produjera durante la última glaciación, más de 10 000 años antes de la aparición de cualquier otra planta o animal doméstico”.

La relación entre humanos y perros a lo largo de la historia

Los estudios han aportado detalles sin precedentes sobre cómo se gestó la relación entre la humanidad y los perros. Revelan que las razas caninas europeas modernas, que abarcan desde bulldogs hasta labradores, comparten gran parte de su ascendencia con aquellos canes que convivieron con antiguos cazadores-recolectores en el continente europeo. Por ello, se estima que su apariencia era similar a la de lobos pequeños, posiblemente con hocicos más cortos y mandíbulas menos potentes.

El Dr. Anders Bergström, profesor de la Universidad de East Anglia y autor de un estudio que analizó más de 200 especímenes antiguos de canes y lobos, indicó que “durante mucho tiempo, la única forma de distinguir entre un perro y un lobo era examinar los huesos, lo cual no siempre era fiable”.

El análisis del ADN de los huesos hallados en Turquía e Inglaterra permitió a los científicos identificar más ejemplares antiguos en Alemania, Italia y Suiza, lo que demuestra que los perros ya estaban ampliamente extendidos en Europa y Asia Occidental hace, al menos, 14 000 años. De los restos encontrados en Turquía se dedujo que estos canes consumían una dieta similar a la de los humanos locales, rica en pescado, lo que sugiere que los humanos alimentaban a los perros de manera intencionada.

Indicios de lazos afectivos entre humanos y perros

Uno de los aspectos más llamativos de estos estudios es que, a pesar de la diversidad de las poblaciones humanas de la época, los perros eran sorprendentemente similares entre sí. Además, se han encontrado indicios de lazos afectivos, como huesos de cachorros enterrados sobre las piernas de humanos y una mandíbula canina con orificios tallados intencionadamente a ambos lados.

La estrecha relación genética entre los restos de los yacimientos sugiere que, una vez domesticados, estos animales se extendieron rápidamente, posiblemente como objeto de intercambio. El profesor Laurent Frantz, de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y uno de los autores principales, afirmó: “El hecho de que la gente intercambiara perros tan pronto significa que estos animales debían ser importantes. Además de ayudar como alerta o en la caza, debían tener alguna función simbólica”.

Estos hallazgos no solo amplían nuestra comprensión sobre la domesticación de los perros, sino que también resaltan la profunda conexión que ha existido entre los humanos y estos animales a lo largo de la historia.