La garnacha peluda, una variedad de uva originaria de la Terra Alta, está resurgiendo tras décadas de desuso, gracias a sus características únicas que permiten elaborar vinos más frescos y adaptados al clima mediterráneo. Este tipo de garnacha se distingue por una ligera vellosidad en el envés de sus hojas, lo que le ayuda a retener la humedad y a ofrecer una experiencia vinícola más placentera, según expertos de la región.
Juanjo Galcerà, al frente de Celler Piñol, explica que la pelusilla de la garnacha peluda es crucial para conservar la humedad que aporta la brisa del Mediterráneo. Esto se traduce en vinos que no solo son agradables al paladar, sino que también reflejan la autenticidad del terroir. “Los días en que sopla el viento del mar, esta variedad puede desarrollar vinos más frescos y agradables en boca”, señala Galcerà.
El resurgimiento de una variedad olvidada
La bodega Herència Altés, dirigida por Núria Altés, también se ha comprometido a recuperar esta variedad. Altés recuerda cómo en el pasado, los agricultores arrancaban estos viñedos porque no resultaban rentables. Sin embargo, el vino La Pilosa 2024 se ha convertido en un emblema de la calidad de la garnacha peluda, mostrando una combinación de frescura y complejidad. En nariz, presenta notas de frutos rojos y un fondo especiado, mientras que en boca ofrece una entrada ligera que culmina en un final intenso.
Altés también evoca tiempos pasados, cuando los viticultores eran penalizados en las cooperativas por la falta de color de esta variedad: “No es que esté verde, sino que la garnacha peluda no tiene tanto color como la otra”, explica. Esta particularidad se traduce en un perfil enológico que cada vez es más apreciado, caracterizado por vinos frescos y con menos grado alcohólico.
Una respuesta al cambio climático
La apuesta por la garnacha peluda responde a tres factores clave: su resistencia al calor, su alineación con las tendencias actuales y su valor autóctono. Núria Altés resalta que el vello de la garnacha peluda actúa como “un arma de protección al calor”, haciendo que la uva sea más resiliente en un contexto de cambio climático. Por su parte, Galcerà añade que el auge de estos vinos proviene de la recuperación de variedades y de la búsqueda de una identidad propia en cada zona.
Actualmente, la producción de vinos a partir de garnacha peluda es limitada, lo que la convierte en un secreto bien guardado por las bodegas que la han incorporado. Tanto Celler Piñol como Herència Altés ofrecen vinos elaborados al 100% con garnacha peluda, destacando la calidad y singularidad de esta variedad.
El reto que enfrenta la Terra Alta es lograr el reconocimiento de la garnacha peluda en el panorama vinícola. “Ese es nuestro objetivo, que cuando la gente piense en garnacha blanca o en garnacha peluda, lo asocie directamente a Terra Alta”, concluye Altés. En un momento en que el sector del vino busca autenticidad y adaptación, la garnacha peluda deja de ser una rareza para convertirse en un símbolo del futuro del vino en la región.
