La economía china enfrenta retos pese a un superávit histórico

La economía china se encuentra en una encrucijada tras registrar en 2025 un superávit comercial de 1,2 billones de dólares, el mayor en su historia. Este resultado se produce en un contexto donde tanto la Unión Europea como Canadá han llegado a acuerdos con el país asiático para acceder a sus mercados de baterías y vehículos eléctricos, mientras que Estados Unidos amenaza con imponer aranceles a sus aliados si no acceden a sus demandas sobre Groenlandia.

En las semanas previas al invierno de 2025-2026, se establecieron barreras arancelarias significativas: un 35% en la Unión Europea y un 100% en Canadá sobre las exportaciones de vehículos eléctricos. Estos acuerdos señalan una disposición del mundo desarrollado a aceptar el modelo económico de China, que ha logrado un superávit comercial notable a pesar de una deflación paralizante en su mercado inmobiliario y la contracción de las cuentas de los hogares.

Mientras hace unos años se hablaba de un posible «pico de China», en el último año se ha intensificado el discurso sobre la llegada del siglo chino y la necesidad de que el mundo acepte su liderazgo económico y tecnológico. Sin embargo, la realidad es que muchos gobiernos locales siguen prácticamente en bancarrota, dependiendo de transferencias del gobierno central para hacer frente a recortes de gasto.

Las familias chinas, por su parte, están experimentando una disminución en sus ingresos disponibles y se muestran reticentes a gastar, en parte debido a un mercado laboral debilitado y a la creciente responsabilidad del cuidado de los ancianos. A pesar de los avances tecnológicos y la mejora en la calidad de vida proporcionada por el modelo chino, la preocupación por el futuro es evidente entre la población.

Desafíos internos y externos en la economía china

El superávit comercial de 1,2 billones de dólares es el resultado de décadas de inversión en cadenas de suministro y capacidad de fabricación, convirtiendo a China en la «fábrica del mundo». Sin embargo, las tensiones comerciales con Estados Unidos han llevado a un aumento de la presión sobre el modelo chino. Las políticas de innovación nacional, como la campaña «Hecho en China 2025», han buscado posicionar al país en sectores de alta tecnología, pero también han suscitado suspicacias en el ámbito internacional.

La competencia feroz en sectores como el de vehículos eléctricos y semiconductores ha llevado a una sobreproducción y guerras de precios perjudiciales, dificultando la rentabilidad de muchas empresas. A principios de 2025, se lanzó la campaña «Antinvolución», que instaba a los gobiernos locales a consolidar sectores y eliminar el apoyo a empresas deficitarias.

Se estima que el capital destinado a sectores objetivo de innovación ha superado los 1,5 billones de dólares en los primeros seis años de la campaña «Hecho en China 2025», pero la necesidad de autosuficiencia tecnológica ha llevado a un aumento en la preocupación por la dependencia de insumos extranjeros.

El futuro incierto de la economía china

A medida que el mundo se adapta a la producción masiva china, surge la pregunta sobre si el país podrá mantener la estabilidad económica y política con un modelo que representa un 30% de la producción manufacturera mundial y solo un 13% del consumo global. La respuesta parece depender más de las decisiones políticas a nivel nacional e internacional que de los fundamentos económicos en sí.

Las exportaciones chinas han crecido un 50% desde 2018, pero la cuota de exportaciones hacia Estados Unidos ha disminuido del 19% al 14% en el mismo periodo. La dependencia de las economías desarrolladas y emergentes para absorber productos chinos plantea un desafío, especialmente cuando se considera que las importaciones de China solo han aumentado un 10% desde 2018.

El modelo económico chino podría ser sostenible solo si sus ciudadanos creen en su viabilidad. Sin embargo, las reformas estructurales en políticas fiscales y financieras parecen estar lejos del horizonte político. La salud de la economía china está ligada a la confianza de sus ciudadanos en el futuro, lo que podría influir en sus decisiones de gasto e inversión.

En conclusión, los retos a los que se enfrenta la economía china son múltiples y complejos, y su capacidad para adaptarse a un entorno global cambiante será clave para su futuro. La gestión de la innovación y la autosuficiencia tecnológica, junto con la estabilidad interna, serán fundamentales para mantener la posición de China en el escenario mundial.