La intervención de EEUU en Irán podría fortalecer al régimen teocrático

La intervención de Estados Unidos en Irán, tras dos meses de conflicto, plantea una inquietante posibilidad: podría tener el efecto contrario al que pretendía. Antes de los ataques, Irán enfrentaba un escenario crítico, con una economía debilitada, una inflación que rondaba el 50% y manifestaciones masivas que denunciaban la presión ideológica y la corrupción del régimen. La estrategia estadounidense se basaba en una premisa errónea, al tratar a Irán como un sistema frágil y personalista, similar a lo que ocurrió en Venezuela. En este contexto, el presidente del Parlamento iraní, Qalibaf, fue erróneamente considerado como «el hombre que dirige Irán», una interpretación que minimiza la complejidad del régimen teocrático y militar.

El impacto de los ataques y la respuesta del régimen

Tras los ataques de Estados Unidos, se ha producido un notable desplazamiento del poder hacia el aparato de seguridad, eclipsando las diferencias internas que antes afloraban en la esfera política. Irán, que había estado sufriendo un bloqueo severo, ha comenzado a aflojar las restricciones a Internet y a almacenar crudo en un intento de revitalizar su economía. Este giro podría indicar que el régimen busca contener el malestar social que podría agudizarse si las sanciones continúan.

Algunos analistas advierten que si la administración de Donald Trump continúa considerando a Irán como un socio fiable sin tener en cuenta su estructura ideológica, podría desencadenarse una guerra más intensa con consecuencias globales. Sin embargo, otros sugieren que unas negociaciones que no exijan reformas democráticas podrían ofrecer un alivio económico, lo que a su vez podría amortiguar las protestas y fortalecer al régimen que ya estaba debilitado.

Lecciones de la historia y el futuro del régimen iraní

La historia parece sugerir que la intervención estadounidense en la región podría estar condenada a repetir los errores del pasado. La revolución iraní de 1979, que llevó al establecimiento del actual régimen, provocó una serie de decisiones desafortunadas por parte de Estados Unidos en su política exterior. A medida que los acontecimientos se desarrollan, el desafío radica en cómo el régimen iraní navegará por esta nueva fase de tensión y cómo responderán las potencias occidentales. Si no se toman en cuenta las complejidades del sistema iraní, la estrategia estadounidense podría, irónicamente, apuntalar aún más un régimen que se esfuerza por mantenerse en el poder.