La represión de las mujeres en los parques de Afganistán

Recientemente, la periodista que suscribe visitó Qargha, un emblemático espacio recreativo en las afueras de Kabul, donde se celebraba un festival de cometas, una actividad tradicional en Afganistán. Sin embargo, su regreso a este lugar, que había sido un símbolo de convivencia familiar y libertad, reveló una realidad sombría: las mujeres han sido excluidas de estos espacios públicos bajo el régimen talibán.

Durante su visita, la periodista, que llevaba seis años sin acudir a Qargha, se encontró con un ambiente completamente transformado. En la entrada, funcionarios del ministerio para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio de los talibanes controlaban el acceso. Al intentar entrar junto a un compañero, le fue negada la entrada por ser mujer, lo que la hizo sentir como una extraña en su propio país. «En nombre del periodismo, no podéis venir aquí y difundir la inmoralidad», le dijo un talibán, subrayando así la creciente opresión hacia las mujeres en Afganistán.

A pesar de las restricciones, la periodista logró documentar a un grupo de jóvenes volando cometas en las colinas cercanas, pero su propia experiencia fue de angustia y aislamiento. Vestida con un velo y mascarilla, se sintió constantemente vigilada y amenazada. «Chicas como yo, de mi edad, han sido borradas de la vida en Afganistán», reflexionó, evidenciando la deshumanización y el miedo que ahora acompaña a las mujeres en su vida cotidiana.

La prohibición de entrar en parques

En su recorrido, la periodista se encontró con un grupo de mujeres que, distantes del lago, intentaban disfrutar de su tiempo al aire libre. Una de ellas explicó que acudían mensualmente a ese lugar porque los talibanes les prohibían acercarse al lago. «Solo espero que no nos quiten también este lugar», expresó, revelando la desesperanza que sienten muchas mujeres en el país.

Esta situación no es exclusiva de Qargha. La prohibición de acceso a los parques se ha extendido a lugares como Shahr-e-Ara, conocido como el parque de las mujeres, donde anteriormente se permitía la entrada solo a féminas. Este parque fue durante años un refugio de libertad para las mujeres afganas, un lugar donde podían relajarse, reír y compartir momentos en familia sin temor. En él, se llevaban a cabo actividades creativas y sociales, algo que ahora es solo un recuerdo.

La pérdida de oportunidades y espacios

Las restricciones impuestas por los talibanes tras su regreso al poder han llevado a una grave disminución de los espacios donde las mujeres pueden disfrutar de su tiempo libre. «No se trata solo de no poder disfrutar un día al aire libre. Es mucho más que eso», afirma la periodista, quien ve en estas limitaciones una amenaza a la existencia misma de las mujeres en la vida pública afganas.

La situación plantea un futuro incierto para las niñas que crecen en un ambiente donde la segregación es la norma. «¿Qué idea tendrán los chicos sobre la igualdad cuando pocas veces ven a las mujeres en la vida pública?», cuestiona la periodista, evidenciando la preocupación por las generaciones venideras en un país que ha visto cómo sus derechos han sido recortados de forma drástica.

La experiencia en Qargha y otros espacios recreativos de Afganistán no solo simboliza la pérdida de lugares de ocio, sino también el despojo de oportunidades de crecimiento, de trabajo y de visibilidad. Lo que más angustia es la posibilidad de que esta nueva realidad se normalice, y que en algún momento nadie recuerde que las mujeres alguna vez ocuparon un lugar en la vida pública de Afganistán.