El monje budista japonés Asho ha revolucionado la vida de muchas personas en Taramundi con sus innovadores baños de salvado de arroz fermentado, y está en camino de abrir un segundo centro en Lugo. Desde su llegada hace ocho años, Asho ha dedicado su vida a sanar almas, y ahora se prepara para llevar su terapia a más personas.
Asho, que llegó a Taramundi a los 71 años, no conocía su destino ni el castellano, pero fue guiado por las palabras de un monje taoísta en su lecho de muerte en Japón. Su maestro le había prometido que encontraría respuestas en un lugar del norte de España, donde tres tejos centenarios eran capaces de sanar el alma. Fue así como, tras una larga travesía, encontró este lugar soñado y comenzó a construir Naroga, el templo-casa que alberga los primeros baños de este tipo en España.
Un nuevo centro en Lugo y un enfoque comunitario
El monje Asho, junto a su ayudante Moisés, está trabajando en un nuevo centro llamado Myakuson en la Avenida das Américas de Lugo, aunque la fecha de apertura aún no está definida. En Naroga, Yuka, una terapeuta japonesa que lleva tres años colaborando con Asho, se encarga de atender a los visitantes, quienes son limitados a seis por día, asegurando una atención personalizada.
Los baños en Naroga son únicos en Europa, según Yuka, y su objetivo es difundir los beneficios de esta terapia tan común en Japón. Cuando una peluquera de Lugo mostró interés en el proceso, Asho decidió construir un ‘pequeño Naroga’ en la ciudad, que también funcionará como escuela para enseñar esta práctica a quienes deseen aprenderla «por amor y no por ambición».
La experiencia de los baños de salvado
El tratamiento en Naroga consta de tres etapas. Primero, el visitante es enterrado bajo salvado de arroz fermentado durante 15 minutos, alcanzando temperaturas de hasta 60 grados. Este calor vivo, que penetra en el cuerpo, ayuda a equilibrar la circulación y liberar tensiones físicas y emocionales, explica Yuka. Tras esta fase, el visitante recibe un masaje basado en la medicina tradicional china, con el objetivo de armonizar el Qi, la energía vital.
Finalmente, Yuka utiliza su lira, emitiendo una frecuencia de 342 hercios, que se considera beneficiosa para las células del cuerpo humano. Este proceso no es sólo un tratamiento físico, sino una experiencia que busca la sanación integral.
El centro se sostiene a través de donaciones, con una contribución mínima de 50 euros por persona, la cual se destina al mantenimiento del templo y a la preservación de los tres tejos sagrados, cuyas raíces están amenazadas por la urbanización. Aunque no se consideran un SPA ni un sustituto de la medicina moderna, su enfoque es ofrecer un espacio de sanación y autoconocimiento.
Yuka, quien también ha encontrado un nuevo propósito en este lugar, destaca que la alegría de vivir que ha recuperado es el motor de su labor. «Cuando alguien mejoraba tras recibir nuestra terapia, sentía una felicidad que nunca antes había experimentado», afirma. Su historia se entrelaza con la de Asho, quien, a sus 79 años, sigue comprometido con su misión de sanar almas en un entorno natural y espiritual.
A pesar de las barreras culturales y lingüísticas, los tres habitantes de Naroga han construido buenas relaciones con sus vecinos, quienes han llegado a reconocer los beneficios de sus tratamientos. En un contexto donde la búsqueda de alternativas a la medicina convencional es cada vez más común, la labor de Asho y su equipo se presenta como una opción atractiva para aquellos que buscan sanación y autoconocimiento.
Con al menos 2 500 visitantes de 21 naciones en los últimos años, la popularidad de Naroga ha crecido, creando una lista de espera que ha llegado a alcanzar los tres meses. Los testimonios de quienes han pasado por sus baños son unánimes: la experiencia es transformadora y única.
La filosofía oriental que promueve Asho y su equipo invita a los visitantes a desprenderse de una mirada eurocéntrica, proponiendo un camino hacia el autoconocimiento y la superación del sufrimiento a través de la espiritualidad y la armonía con la naturaleza. «Las palabras confunden, es mejor vivir la experiencia», concluye Asho, reticente a dar entrevistas y más enfocado en su labor sanadora.
