La comunidad musulmana en Galicia atraviesa un periodo de incertidumbre y miedo. Por primera vez en décadas, algunos de sus representantes manifiestan una creciente preocupación por la intolerancia y la discriminación, especialmente hacia aquellos procedentes del norte de África. Aunque no se han registrado incidentes extremos, como cacerías humanas, el ambiente hostil les hace temer que situaciones graves puedan ocurrir.
En este contexto, un grupo de jóvenes musulmanes ha creado la primera asociación de su tipo en Galicia, denominada Sabili. A pesar de tener solo un año de vida, ya han organizado diversas actividades, incluyendo charlas en universidades para acercar su cultura y religión a la sociedad. Este colectivo no solo incluye a musulmanes de nacimiento, sino también a un número significativo de conversos, principalmente gallegos y latinoamericanos, que han encontrado en el Corán una nueva forma de vida.
Una de las voces más representativas de esta asociación es Lucía Aisha, una joven de 26 años originaria de Pontedeume. Actualmente, Aisha está realizando un doctorado en ciencia de las religiones y ha compartido su experiencia sobre cómo llegó al islam. Su “regreso” a la fe islámica fue un proceso gradual, impulsado por su deseo de encontrar respuestas a preguntas que no había podido resolver en el catolicismo. “Cuando iba al catecismo, la Santa Trinidad no me cuadraba. Encontrar una religión que me ofreciera una respuesta diferente me hizo sentir identificada”, revela.
La búsqueda de identidad y aceptación
La ciencia también jugó un papel crucial en su decisión, ya que Aisha considera que el islam aborda cuestiones que la ciencia moderna ha descubierto más tarde. “Hay muchos mitos falsos sobre el islam, especialmente en lo que respecta a la desigualdad de género”, explica, destacando que el Corán permite el acceso a la educación para las mujeres.
El proceso de aceptación de su conversión no fue fácil. “Fue un shock para mi familia y amigos, pero finalmente lo aceptaron”, recuerda. Sin embargo, las miradas de desaprobación de algunos miembros de su comunidad la hicieron sentir incomprendida.
Por su parte, Linda Nakary, una colombiana de 27 años que vive en Vilagarcía de Arousa, también ha enfrentado desafíos similares. Emigró a España en busca de una vida mejor y, tras un año en el país, comenzó a profundizar en la cultura musulmana. “Regresar al islam era el estilo de vida que estaba buscando”, afirma. Nakary destaca la importancia de la oración y el respeto en su práctica religiosa, así como su rechazo a la idea de que el islam discrimina a las mujeres.
Discriminación y estigmas
A pesar de su compromiso con el islam, Nakary ha sido víctima de discriminación, especialmente tras decidir usar el hiyab. “Cuando me lo puse, se me cerraron muchas puertas en Galicia”, relata. Asegura que enfrentó dificultades para encontrar trabajo y que, a menudo, enfrentó prejuicios que la vinculaban erróneamente con estereotipos negativos sobre los musulmanes.
En su caso, la reacción de su familia ante su conversión fue de duda. “Pensaban que me iba a convertir en terrorista”, confiesa. Sin embargo, tras conversaciones y aclaraciones, sus relaciones familiares mejoraron.
María Fernández, de 40 años y originaria de As Pontes, también ha tenido que lidiar con prejuicios en su camino hacia el islam. “Tenía una mala imagen del islam por lo que veía en televisión”, dice, pero su relación con su marido musulmán le permitió descubrir que muchos de sus prejuicios eran infundados. La curiosidad sobre la religión la llevó a investigar y reflexionar sobre su propia fe.
Fernández sostiene que, a menudo, los españoles que se convierten al islam son más conscientes y estudian más sobre la religión debido a la carga de los prejuicios que llevan consigo. “Los españoles que nos convertimos al islam nos aseguramos mucho y creo que muchas veces tenemos más conocimientos que los que nacen en él”, afirma.
A pesar de su experiencia positiva en la fe musulmana, María reconoce que la percepción sobre las mujeres que deciden llevar el velo es un tema delicado. “Portar el velo es una cuestión optativa. Los hombres también tienen normas, pero no se les señala tanto si no las cumplen”, explica, subrayando la lucha interna que enfrentan muchas mujeres en este contexto.
En un entorno donde la intolerancia parece estar en aumento, las historias de Lucía, Linda y María reflejan la búsqueda de identidad y aceptación en una sociedad que a menudo se muestra hostil hacia lo diferente. Estas mujeres no solo han encontrado en el islam un camino espiritual, sino también un espacio para desafiar estigmas y construir puentes en medio de la adversidad.
