La convivencia con un perro mejora notablemente la salud física y emocional de los niños, según una revisión sistemática de más de 52 estudios científicos presentada en el reciente congreso celebrado en Hamburgo. Esta investigación, que analiza trabajos publicados en los últimos cinco años, demuestra el impacto positivo que tienen los perros en el bienestar de los menores, favoreciendo su actividad física y socialización.
Más actividad y menos sedentarismo
La presencia de un perro en casa se asocia con un aumento en la actividad física diaria, mayor tiempo de juego al aire libre y un contacto más estrecho con la naturaleza. Los expertos han observado que la convivencia con caninos reduce la sensación de aislamiento, especialmente en situaciones difíciles como la reciente pandemia. Durante los confinamientos, un estudio reveló que muchas familias salieron a pasear gracias a la necesidad de cuidar a su mascota, lo que benefició especialmente a los niños. “Los perros aportan beneficios emocionales, y convivir con ellos ofrece ventajas significativas tanto físicas como psicológicas”, explica José Martínez, director de la Cátedra de Salud Infantil.
Un aliado contra el aislamiento infantil
En un contexto donde la preocupación por el sedentarismo y la hiperconectividad está en aumento, los autores de la revisión advierten que los niños pasan cada vez menos tiempo jugando al aire libre. Según datos de la Asociación Española de Pediatría, el tiempo medio de juego se ha reducido a la mitad en comparación con sus padres. En este escenario, tener un perro se convierte en un factor protector natural. “La presencia de un perro actúa como un catalizador de juego, movimiento e interacción en los jóvenes”, señala Laura Fernández, coautora del estudio.
Los beneficios de tener un perro no se limitan a los niños. La revisión también incluye estudios sobre adultos y personas mayores. Un trabajo publicado en 2020 mostró que quienes tienen perros realizan más ejercicio físico que aquellos que no los tienen: un 28% frente a un 18% en caminatas por placer, y un 38% frente a un 22% en actividad moderada o intensa durante el tiempo libre. En el caso de las personas mayores, pasear al perro multiplica por más de tres la probabilidad de mantenerse físicamente activos, según los datos analizados.
Beneficios medibles y sostenidos
El impacto de vivir con un perro va más allá de lo anecdótico, reflejándose en múltiples indicadores de salud física y emocional. Además de fomentar el movimiento, estos animales refuerzan los vínculos afectivos y contribuyen a mejorar la salud cardiovascular en aquellos con vínculos estrechos con sus mascotas. Los autores del estudio subrayan que, aunque estos beneficios no sustituyen otras formas de intervención o acompañamiento, sí ofrecen una vía complementaria con efectos positivos ampliamente documentados.
En conclusión, la evidencia científica respalda la idea de que la convivencia con perros puede tener un efecto profundamente positivo en la salud de los niños, contribuyendo no solo a su bienestar físico, sino también a su desarrollo emocional y social.
