Un estudio realizado por la NASA y publicado en el Journal of Applied Physiology ha revelado que el rebote en mini-trampolín es una alternativa eficaz para quienes buscan entrenar en poco tiempo. Esta investigación, llevada a cabo en los años 80, comparó el impacto físico de correr con el de saltar en un trampolín, analizando a ocho hombres jóvenes que realizaron distintas actividades físicas.
Los resultados fueron sorprendentes: el trabajo físico exigido al realizar saltos en el trampolín fue hasta un 68 % mayor que el requerido al correr. Aunque los participantes mostraron niveles similares de frecuencia cardiaca y consumo de oxígeno en ambas actividades, el rebote provocó un mayor estrés biomecánico, lo que resultó en una activación más intensa de músculos, huesos y articulaciones. Además, se observó que el consumo de oxígeno durante los saltos era «a veces más del doble de eficiente que al correr en cinta».
Esto implica que, con la misma carga pulmonar y cardiaca, el cuerpo era capaz de generar el doble de trabajo físico. Aunado a esto, los tiempos de recuperación fueron más cortos, lo que supone una ventaja para quienes buscan resultados rápidos. El rebote no solo es eficaz, sino también accesible y amable con las articulaciones, ya que el trampolín absorbe hasta un 85 % del peso del cuerpo en cada salto, minimizando el impacto articular.
Beneficios del rebote para la salud
A diferencia de correr, que concentra el esfuerzo en la parte inferior del cuerpo, el rebote distribuye la carga por todo el sistema muscular. Según Aly Giampolo, fundadora del método de fitness ‘The Ness’, esta característica permite que el rebote sea de alta intensidad sin agredir al cuerpo, convirtiéndolo en una opción sostenible a largo plazo.
Adicionalmente, un estudio realizado por el Consejo Americano de Ejercicio con 24 estudiantes universitarios mostró que una sesión de rebote elevaba la frecuencia cardiaca promedio al 79 % de su máximo y el consumo de oxígeno al 59 % de su capacidad total. Ambos valores se encuentran dentro de los parámetros recomendados por el Colegio Americano de Medicina Deportiva para mejorar la condición cardiovascular.
Cómo empezar con el rebote
El rebote estimula el corazón y los pulmones con la misma intensidad que una carrera, pero sin castigar al cuerpo de la misma manera. Para quienes desean probar este método recomendado por la NASA, lo ideal es adquirir un mini-trampolín. No es necesario comenzar con rutinas complejas: sesiones de 5 a 10 minutos, tres o cuatro veces por semana, son suficientes para notar los primeros efectos.
A medida que el cuerpo se adapta, se puede aumentar la intensidad con ejercicios como el rebote alto, los saltos de tijera o las patadas. Lo importante es ser constante y escuchar al cuerpo, avanzando progresivamente sin forzar los movimientos. Así, el rebote se presenta como una opción de ejercicio divertida y eficaz, accesible para todos.
