El verano en Santander trae consigo uno de los manjares más esperados de la temporada: los maganos de guadañeta. Este pequeño calamar, que suele medir menos de 15 cm, es capturado de forma artesanal en las aguas de la bahía, convirtiéndose en un auténtico tesoro gastronómico que los locales esperan con ansia cada año. La pesca de estos maganos, que se realiza de julio a agosto, coincide con su periodo de desove, lo que añade un toque especial a su escasez y valor.
Una pesca única y sostenible
La técnica utilizada para pescar los maganos es completamente artesanal. La guadañeta, un sedal con plomos y pequeños anzuelos sin cebo, se lanza desde la embarcación para atraer a los calamares mediante un movimiento constante. Esta forma de pesca no solo requiere habilidad y paciencia, sino que también es respetuosa con el ecosistema, ya que cada captura se realiza de manera individual, minimizando el impacto ambiental.
Detrás de cada ración de maganos hay un pescador que, antes del amanecer, se adentra en el mar con la esperanza de llenar su red. La actividad de la pesca de maganos no es solo una cuestión de sustento, sino que representa una forma de vida que, desafortunadamente, cada vez practican menos personas. Este esfuerzo personal se traduce en un producto que, al no estar disponible todo el año, se convierte en un auténtico lujo estacional.
El sabor del mar en el plato
El sabor característico de los maganos, fresco y con un profundo umami, los convierte en un ingrediente versátil que brilla tanto en recetas sencillas como en preparaciones más elaboradas. Uno de los platos más destacados son los maganos encebollados, donde la cebolla pochada y un toque de vino blanco realzan su sabor. Sin embargo, la opción preferida por muchos son los maganos a la plancha, cocinados simplemente con sal gorda y un buen chorro de aceite de oliva.
La llegada de los primeros maganos se celebra en localidades costeras como Suances, San Vicente de la Barquera y, por supuesto, en el mismo Santander, donde los restaurantes locales se apresuran a incluirlos en sus cartas. La temporada es breve, por lo que quienes conocen su valor no dudan en disfrutarlos en cuanto tienen la oportunidad.
La experiencia de degustar los maganos de guadañeta no solo se limita al sabor, sino que también invita a reflexionar sobre la dedicación y la tradición que hay detrás de cada bocado. Así que, si este verano te encuentras con la opción de probarlos en un menú, no lo dudes: pide una ración y disfruta de este manjar efímero que evoca la esencia del mar Cantábrico.
