Los mayores, más vulnerables al calor extremo en verano

El envejecimiento de la población trae consigo una serie de desafíos para la salud, especialmente durante los meses de calor extremo. Según la Organización Mundial de la Salud, la mortalidad relacionada con el calor en personas mayores ha aumentado un 85% en los últimos años, lo que pone de manifiesto la necesidad de extremar las precauciones ante este fenómeno. Los cambios biológicos que ocurren en los adultos mayores les hacen más vulnerables a enfermedades causadas por las altas temperaturas.

La doctora Wynnelena Canio, geriatra, explica que, a pesar de que algunas personas mayores pueden gozar de buena salud, el proceso de envejecimiento afecta la capacidad del organismo para regular su temperatura, lo que aumenta su riesgo de sufrir un golpe de calor o agotamiento por calor. A continuación, se detallan las principales razones que contribuyen a esta vulnerabilidad.

Factores que agravan la sensibilidad al calor

El envejecimiento genera una serie de cambios fisiológicos que dificultan la adaptación del cuerpo a temperaturas elevadas. En primer lugar, la circulación sanguínea se vuelve menos eficiente con el paso de los años. A medida que las temperaturas externas aumentan, el cuerpo debe trabajar arduamente para enfriarse, lo que implica aumentar el flujo sanguíneo hacia la piel y dilatar los vasos sanguíneos. Sin embargo, según Richard Marottoli, geriatra de Yale Medicine, «los cambios relacionados con la edad en el corazón y los vasos sanguíneos hacen que el cuerpo transporte la sangre con menos eficiencia, lo que dificulta el control de la temperatura».

Otro factor crítico es la disminución de la capacidad para sudar. Con el envejecimiento, la piel tiende a adelgazar, lo que afecta el funcionamiento de las glándulas sudoríparas. Además, la pérdida de colágeno, una proteína esencial para la elasticidad y estructura de la piel, complica aún más la liberación de sudor, que es fundamental para el enfriamiento del cuerpo.

Por último, los adultos mayores enfrentan un mayor riesgo de deshidratación. La sensación de sed se reduce con la edad, y la capacidad de los riñones para regular el equilibrio de líquidos también disminuye. Un estudio ha demostrado que la tasa de filtración glomerular puede comenzar a decrecer a partir de los 40 años, lo que indica una mayor susceptibilidad a la deshidratación. Además, el uso de medicamentos como diuréticos puede agravar esta situación.

Precauciones ante el calor extremo

Ante esta realidad, es fundamental que las personas mayores y sus cuidadores sean conscientes de los síntomas negativos del calor. Se recomienda refrescarse rápidamente aplicando agua fría en la cara, el cuello, las manos y los pies. Si se dispone de hielo, se pueden colocar compresas frías en las muñecas, el pecho, la parte superior de la espalda y el cuello.

Si los síntomas, que pueden incluir dolor de cabeza intenso, mareos, fatiga y palpitaciones, no mejoran, es vital consultar a un médico. El agotamiento por calor puede evolucionar rápidamente hacia un golpe de calor, que puede ser mortal. Existen tratamientos disponibles, como la administración de líquidos intravenosos y medicamentos, que ayudan a apoyar la función orgánica y facilitan la recuperación.

La conciencia de los riesgos asociados al calor extremo es clave para proteger la salud de los mayores, especialmente en un clima que parece cada vez más extremo. La colaboración entre familiares, cuidadores y profesionales de la salud es esencial para garantizar la seguridad y el bienestar de esta población vulnerable.