La producción de plástico a nivel mundial ha alcanzado cifras alarmantes, superando los 400 millones de toneladas anuales y con una tendencia al alza del 2,4 % cada año. Desde su invención en la década de 1950, el plástico ha transformado las industrias gracias a su bajo coste y versatilidad, pero su impacto ambiental se ha vuelto insostenible. Actualmente, más del 91 % del plástico producido no se recicla, lo que plantea serias preocupaciones sobre la contaminación y la salud del planeta.
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En un intento por abordar esta crisis, el pasado 5 de agosto de 2023, se llevó a cabo una ronda de negociaciones en Ginebra para establecer un tratado global que regule la producción y el uso del plástico. Sin embargo, las discusiones han fracasado en dos aspectos clave: la reducción de la producción y el control de sustancias químicas nocivas. La directora del IDAEA-CSIC, Ethel Eljarrat, subrayó que “la principal base para poder limitar el consumo es la producción mundial de material virgen”.
La falta de acuerdo es especialmente preocupante debido a la resistencia de países productores de petróleo que ven en la producción de plástico una forma de mantener su economía. Entre estos países, destacan Brasil, China e India, que, aunque podrían beneficiarse de un tratado, también temen perder ingresos de su industria del plástico.
Un borrador de acuerdo presentado en diciembre se ha visto drásticamente reducido, eliminando conceptos como «objetivo» y «sustancias químicas nocivas». Según la analista internacional Christina Dixon, este retroceso en las negociaciones refleja la presión que los intereses económicos ejercen sobre el proceso. La situación se complica aún más al observar que el reciclaje se ve obstaculizado por la mezcla de diferentes tipos de plásticos en productos cotidianos.
A pesar de que algunos países, como los de la Unión Europea, han comenzado a implementar medidas de control, como la promoción del reciclaje y la reutilización, el problema persiste. La profesora de la Universidad de Cádiz, Carmen Morales, enfatiza la necesidad de considerar el ciclo de vida completo del plástico, desde su extracción hasta su disposición final. La falta de un marco normativo claro dificulta la implementación de soluciones efectivas.
Con el próximo encuentro de la Asamblea de Naciones Unidas de Medio Ambiente programado para diciembre, existe la posibilidad de que las negociaciones tengan que reiniciarse. Sin embargo, este proceso podría ser aún más complicado debido a las tensiones geopolíticas actuales. El profesor de Materiales de la Universidad de Barcelona, Jordi Díaz Marcos, concluye que “un mundo sin plásticos no es posible, pero un mundo con el actual consumo de ellos tampoco”.
La situación actual requiere una acción urgente y coordinada a nivel global para establecer un tratado que frene la producción desmedida de plástico y promueva su reciclaje efectivo, antes de que el daño ambiental sea irreversible.
