Melilla, entre la legalidad española y la economía encubierta

La situación de Melilla ha generado un intenso debate sobre su estatus como ciudad española o como una zona económica especial encubierta. Durante la Operación Paso del Estrecho (OPE), la aduana de Beni Enzar funciona como una terminal comercial no declarada, convirtiéndose en un punto clave para el flujo de mercancías entre España y Marruecos. Este enclave opera bajo reglas logísticas que distan de las aduanas tradicionales, lo que plantea interrogantes sobre su funcionamiento real y su impacto económico.

Durante los meses de la OPE, Beni Enzar se transforma en una central de distribución que procesa un número récord de vehículos. En 2024, se registraron 168 200 cruces hacia la península, un aumento del 14,1% respecto al año anterior. Sin embargo, si se excluye el tráfico tradicional de la OPE, el incremento de vehículos melillenses se dispara hasta el 32,7%. Esto indica que el tráfico no se limita al turismo, sino que es, en gran medida, logística disfrazada de turismo.

El funcionamiento del sistema comercial en Melilla

Las autoridades afirman que hay «problemas en la frontera», pero en realidad esto refleja el éxito de un sistema que permite un intercambio comercial significativo entre ambos países. Las esperas de «hasta cinco horas» en las aduanas no son un mal funcionamiento, sino una característica del modelo que facilita miles de micro-operaciones comerciales. Este enfoque provoca una fragmentación del comercio a través de operaciones individuales que, en su conjunto, superan a cualquier aduana convencional.

El smuggling, lejos de ser un problema, es la solución a un dilema que España nunca admitió oficialmente: cómo mantener el comercio con Marruecos sin someterlo a los estrictos controles aduaneros de la Unión Europea. Este modelo se sustenta en un sistema de «frontera inteligente» que gestiona personas a través de tecnologías de reconocimiento facial y biometría, mientras permite que las mercancías fluyan de manera más laxa.

Las cifras son reveladoras. Durante la OPE, el aprovisionamiento masivo desde la península a Melilla se organiza de manera eficiente. Las familias melillenses pueden transportar hasta 1 720 euros en mercancías sin declarar, lo que potencia el flujo comercial en la región. Este sistema ha convertido a Melilla en una «frontera asimétrica», donde el tránsito de personas es sencillo, pero el control sobre las mercancías es casi inexistente.

Impacto económico y futuro del modelo

El régimen fiscal de Melilla es otro factor que contribuye a su atractivo. Con un IPSI que oscila entre el 0,5% y el 10%, en comparación con el IVA del 21% en la península, las operaciones comerciales se vuelven altamente rentables. Además, la bonificación del 50% en el Impuesto de Sociedades y una deducción del 60% en el IRPF para residentes melillenses refuerzan este modelo económico. Estos incentivos hacen que cada operación sea financieramente atractiva y sostenible.

Sin embargo, la contradicción en el discurso de los empresarios es evidente. Algunos operadores del sector han manifestado que podrían optar por no utilizar la aduana de Beni Enzar cuando se reabra, lo que pone de manifiesto que el sistema actual, aunque no convencional, les resulta más ventajoso que el régimen aduanero clásico. La CEOE, por su parte, sigue demandando la reapertura formal de la Aduana Comercial, mientras que los operadores prefieren el sistema fragmentado, revelando una hipocresía en el discurso oficial.

En conclusión, Melilla no solo es una ciudad española desde el punto de vista jurídico, sino que también opera como una zona económica especial de facto. La cuestión no es si el sistema funciona, sino por qué España prefiere mantener la ilusión de que no existe. La OPE no es solo el retorno de emigrantes; es la operación comercial más exitosa entre España y África, que, si se reconociera oficialmente, significaría admitir la creación de la zona económica especial más eficiente de Europa, sin los controles y regulaciones pertinentes.