Jóvenes ucranianos fabrican redes de camuflaje al ritmo del tecno

En un edificio industrial remodelado en Lviv, un grupo de jóvenes ucranianos desafía el frío y los cortes de electricidad para fabricar redes de camuflaje y «velas de trinchera» destinadas a los soldados en el frente. Este esfuerzo se desarrolla al ritmo de la música electrónica, que infunde energía y ritmo a la tarea de estos voluntarios, quienes buscan apoyar a sus compañeros que se unieron al ejército tras la invasión rusa.

Volodimir Petrishin, de 27 años y miembro de la GEMU Crew, se encuentra entre los que trabajan incansablemente en lo que ellos llaman «Kotelnia», un espacio creativo subterráneo. «La música me ayuda a encontrar el ritmo adecuado para trabajar más rápido», afirma mientras vierte cera derretida en latas recicladas, convirtiéndolas en calentadores portátiles que pueden mantener el calor durante hasta cinco horas en las heladas trincheras del este y sur de Ucrania.

Voluntariado en tiempos de guerra

Con temperaturas en Lviv que descienden por debajo de los -10 grados, el aliento de los voluntarios se transforma en vapor en el aire helado. Irina Tsoba, diseñadora gráfica de 27 años, comparte su motivación: «¿Por qué no venir aquí y hacer algo útil?», refiriéndose a la necesidad urgente de redes de camuflaje para proteger los tanques Leopard de su unidad, que combate cerca de Pokrovsk.

Los voluntarios despliegan tiras de tela sobre marcos sintéticos para crear redes que se mimetizan con la nieve o la tierra, lo que dificulta su detección por los drones enemigos. Esta labor, que se repite en reuniones conocidas como «Toloka», atrae a nuevas caras cada mes, creando un ambiente de comunidad y colaboración. «Aquí hay gente muy diversa: profesores, restauradores, entrenadores de fitness», explica Oleksandr Rak, de 28 años, quien también se encarga de recaudar fondos para equipos esenciales que se envían a la región de Donetsk.

Un espacio de unión y esperanza

A pesar del ambiente distendido, el trabajo se desarrolla con orden y eficacia. «Todavía recuerdo el caos de nuestro primer encuentro, apenas sabíamos qué hacíamos con una tarea tan seria», comenta Snizhana Volovets, estudiante de filología de 21 años. Con el paso del tiempo, los voluntarios han aprendido a apoyarse mutuamente y a trabajar en equipo, dejando de lado las diferencias sociales. Sin embargo, comparten un profundo escepticismo sobre el esfuerzo diplomático liderado por Estados Unidos, que consideran insuficiente.

«No va a salir nada de esto. Son solo palabras vacías», afirma Vladislava, de 19 años, mientras Oleksandr Rak añade que es crucial mantenerse fuertes y preparados para lo peor. A pesar de las largas horas en el frío, la camaradería y el sentido de propósito mantienen animados a estos jóvenes. «Puedes conocer gente nueva y sentirte necesaria, y eso es muy importante», concluye Iryna Tsoba.