Las focas europeas, una vez al borde de la extinción, enfrentan nuevamente una crisis que pone en riesgo su supervivencia. A pesar de contar con estrictas protecciones legales bajo la Directiva sobre los hábitats de la UE, las muertes y amenazas han aumentado en diversas regiones, como se ha comprobado en un reciente informe de The Journal Investigates.
En países como Dinamarca e Irlanda, aunque las poblaciones de focas han mostrado signos de recuperación, la caza, la contaminación, las perturbaciones humanas y el cambio climático continúan representando un gran peligro. En el Mediteráneo, la situación es aún más grave, donde las focas monje luchan por sobrevivir entre la presión del turismo y la pesca.
La lucha por la foca monje en España y Grecia
En España y Grecia, las focas monje del Mediterráneo están en un estado crítico, con una población estimada de solo 1 000 ejemplares, de los cuales la mitad habita en aguas griegas. Según Dimitris Tsiakalos, responsable de comunicación de MOm, la Sociedad Helénica para el Estudio y la Protección de la Foca Monje, las focas están siendo desplazadas de sus hábitats por el turismo invasivo y prácticas pesqueras perjudiciales, como las «redes fantasma».
Sin embargo, Tsiakalos también menciona un rayo de esperanza: la especie ha empezado a aparecer en lugares donde había desaparecido, como algunas playas de la región del Ática. No obstante, la cercanía a los humanos incrementa los riesgos para su seguridad.
Aumento de muertes y caza legal en Europa
En otras partes de Europa, la situación es alarmante. En Bélgica, se registraron 72 muertes de focas en 2024, la cifra más alta hasta la fecha, muchas de ellas con marcas de enredo en redes de enmalle. En Irlanda, las muertes alcanzaron las 430 en 2023, el número más alto registrado en un solo año. Aunque se ha visto una ligera disminución en 2024, los datos de Seal Rescue Ireland indican un aumento en los últimos años, exacerbado por tormentas severas y perturbaciones humanas.
En Dinamarca, aunque las poblaciones de focas están en aumento, los expertos advierten sobre los «impactos antropogénicos» que afectan a estos mamíferos marinos, como la sobrepesca y la contaminación acústica. Esta situación refleja una tendencia preocupante en toda la UE, donde la protección efectiva de las focas está en entredicho.
A pesar de la prohibición de comercializar productos derivados de la foca en la UE, la caza continúa en algunos Estados miembros. Entre 2019 y 2022, se cazaron más de 6 800 focas en Suecia y más de 3 200 en Finlandia. Estos datos subrayan la necesidad de una gestión más estricta y una aplicación efectiva de las leyes de conservación.
La Directiva sobre los hábitats de la UE exige una gestión adecuada para garantizar la viabilidad de las poblaciones de focas a largo plazo. Sin embargo, el cumplimiento es desigual en el continente, lo que plantea serios desafíos para la supervivencia de estas especies emblemáticas.
A medida que se acerca el plazo para presentar nuevos informes a la Comisión Europea, el futuro de las focas en Europa depende de la capacidad de la UE para revertir esta tendencia alarmante y proteger a estos mamíferos marinos que son parte esencial de nuestro ecosistema.
